PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera
sobre la liturgia dominical

   

PASCUA: fundamento y

contenido de la MISION

Domingo de Pascua de Resurrección

Año “A” – Domingo  27.3.2005

Hechos  10,34.37-43

Del Salmo  117

Colosenses  3,1-4

Juan  20,1-9


    

Reflexiones

 

 “El primer día de la semana” (Jn 20,1), ¡Jesús ha resucitado! Explosiona la vida, comienza la historia nueva de la humanidad, nada es igual que antes, todo tiene un sentido nuevo, positivo, definitivo. El anuncio de este hecho –que es el tesoro fundacional de la comunidad creyente- resuena de iglesia en iglesia, en todas las latitudes, en todos los rincones del mundo; se hace ‘evangelio-buena noticia’ para todos los pueblos. “El sepulcro vacío se ha convertido en la cuna del cristianismo”, como afirmaba San Jerónimo. La tumba vacía fue el primer paso de la fe para Juan (Evangelio): corrió al sepulcro, se asomó, vio, no entró; más tarde entró junto con Pedro, “vio y empezó a creer” (Jn 20,4.5.8). Era el comienzo de la fe en Jesús resucitado, más tarde lo verían viviente. “El hecho principal en la historia del cristianismo consiste en un cierto número de personas que afirman haber visto al Resucitado” (Sinclaire Lewis).

 

Hoy también la Iglesia misionera da vida a nuevas comunidades de fieles anunciando que Jesús es el Hijo de Dios, crucificado y resucitado. No existen otras razones o fundamentos de la misión en el mundo. Ese hecho histórico, ocurrido en torno al año 30 de nuestra era, constituye el núcleo central y chocante del mensaje cristiano, la catequesis lo enriquece y lo acompaña con la metodología adecuada. La misión es un evento pascual, porque es portadora del mensaje de vida que es Jesús mismo: el Viviente por su resurrección, después de su pasión y muerte. Esta es el kerigma, anuncio esencial para los que todavía no son cristianos; pero fundamental también para despertar y purificar la fe de los que se detienen casi exclusivamente en la pasión del Cristo sufriente, con el cual les resulta más fácil identificarse, dada su condición de pobreza, sufrimiento, humillación. Sin embargo, el consuelo es tan sólo aparente; puede adquirir solidez sólo en la fe y vivencia del Resucitado.

 

La fe es gradual: María Magdalena, Pedro y Juan corrieron al sepulcro con la intención de rescatar un cadáver desaparecido; no estaban preparados para un acontecimiento que no entraba en sus cálculos; tan sólo más adelante llegaron a creer en el Señor resucitado; e incluso se convirtieron en sus testigos y pregoneros valientes (I lectura): “Nosotros somos testigos… los testigos que Dios había designado… Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio…” (Hechos 10,39.41.42). Desde entonces el camino ordinario de la transmisión de la fe cristiana es el testimonio de personas que han creído antes que nosotros. Por eso la fe es apostólica; y el testimonio es la primera forma de misión (cfr AG 11-12; EN 21; RMi 42-43).  *

 

Personas transformadas por el Evangelio de Jesús resucitado, que viven los valores superiores del espíritu (II lectura), son las únicas capaces de contagiar a otras personas y hacer que se interesen por los mismos valores, tales como: la serenidad en el sufrimiento, la esperanza frente a la muerte, la oración como abandono en las manos del Padre, el gozo en el servicio a los demás, la honestidad a toda prueba, la humildad y el autocontrol, la promoción del bien de los demás, la atención a las necesidades de los últimos, el testimonio de lo Invisible… Así se extiende y se realiza capilarmente la misión, antes y mejor que a través de las estructuras y las jerarquías. “La creación, tocada por la vida de Cristo, adquiere una nueva dimensión. El mundo es atravesado por la vida, la historia por la esperanza, el hombre se transforma en hijo” (G. Ravasi). Esta es la buena noticia que el mundo necesita. ¡Y que todos, en el mundo, tienen derecho a escuchar!

 

 

Palabra del Papa

*  “EL anuncio tiene la prioridad permanente en la misión… EL anuncio tiene por objeto a Cristo crucificado, muerto y resucitado: en él se realiza la plena y auténtica liberación del mal, del pecado y de la muerte; por él, Dios da la ‘nueva vida’, divina y eterna. Esta es la ‘Buena Nueva’ que cambia al hombre y la historia de la humanidad, y que todos los pueblos tienen el derecho a conocer”.

Juan Pablo II, Redemptoris Missio, (1990) 44.

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 27/3: S. Ruperto (+718 ca.), obispo de Salisburgo, evangelizador de Austria y de Bavaria.

- 30/3: S. Leonardo Murialdo (Turín, 1828-1900), fundador de la Sociedad de S. José, para la educación de la juventud y las Misiones.

- 1/4: B. Luis Pavoni (Brescia, 1784-1848), pionero de las escuelas profesionales para jóvenes, promotor de la prensa católica, fundador de los Hijos de María Inmaculada (Pavoniani).

- 2/4: S. Francisco de Paula (1416-1507), famoso por la predicación y la vida de penitencia, fundador de la Orden de los Mínimos. Pío XII lo declaró patrono de la gente de mar.

- 2/4: Beatos Diego Luis de San Vitores, sacerdote jesuita, y Pedro Calungsod, catequista, martirizados (+1672) en la isla de Guam (Oceanía).

- 2/4: B. María de S. José (Laura) Alvarado: se consagró a los huérfanos, ancianos y pobres; murió (+1967) en Maracaibo, Venezuela.

 

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo  Ballan, mcci – Director del CIAM, Roma – Sito Web:  www.ciam.org   “Parola per la Missione”