PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Tres regalos del Resucitado: el Espíritu, el perdón, la misión



II Domingo de Pascua
Año “A” – Domingo  30.3.2008
 

Hechos  2,42-47
Salmo  117
1Pedro  1,3-9
Juan  20,19-31

 

Reflexiones
Es significativa la cronología que nos da el Evangelio de Juan sobre ‘aquel día, el primero de la semana’ (v. 19), el día más importante de la historia. Porque en ese día Cristo resucitó. Aquel día había comenzado con la ida de María Magdalena al sepulcro “al amanecer, cuando aún estaba oscuro” (Jn 20,1). En el Evangelio de hoy estamos “al anochecer de aquel día... estaban... con las puertas cerradas, por miedo a los judíos” (v. 19). La ambientación espacio-temporal, e incluso psicológica, es completa. La nueva historia de la humanidad ya ha comenzado, en el signo de Cristo resucitado. Ya no se podrá prescindir de Él: esto significaría una pérdida de valores y un riesgo para la misma supervivencia humana.

 

Las puertas cerradas y el miedo se superan con la presencia de Jesús, el Viviente, quien por tres veces anuncia: “Paz a ustedes” (v. 19.21.26), provocando el gozo rebosante de los discípulos “al ver al Señor” (v. 20). Paz y gozo son evidentes características de la primera comunidad cristiana (I lectura): “comían juntos alabando a Dios con alegría y... eran bien vistos de todo el pueblo” (v. 46-47). Era un aprecio bien merecido, dada la solidez y la irradiación misionera del grupo, que se regía sobre cuatro pilares (v. 42): enseñanza de los apóstoles, fracción del pan, oraciones y koinonía (unión fraterna, compartir los bienes). Pedro (II lectura), por su parte, exhorta a los fieles a alegrarse por la salvación recibida, aunque de momento tengan que “sufrir un poco, en pruebas diversas” (v. 6). La Pascua de Jesús ayuda a superar los miedos del cristiano y del misionero; la fe, que lleva al encuentro con Cristo resucitado, ayuda a superar también muchas dificultades psicológicas, como la angustia, los miedos, la depresión...

 

Tres son los principales regalos que Cristo ofrece a la comunidad de los  creyentes: el Espíritu Santo, el perdón de los pecados y la misión. El mayor fruto de la Pascua es ciertamente el don del Espíritu Santo, que Jesús exhala sobre los discípulos: “Reciban el Espíritu Santo” (v. 22). Es el Espíritu de la creación redimida y renovada, que Jesús derrama en el momento de la muerte en la cruz (Jn 19,30), como preludio de Pentecostés (Hechos 2ss).

 

Para Juan el don del Espíritu está esencialmente vinculado con el don de la paz y, por tanto, al perdón de los pecados, como dijo Jesús: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados” (v. 23). La auténtica paz ahonda sus raíces en la purificación de los corazones, en la reconciliación con Dios, con los hermanos y con toda la creación. Esta reconciliación es obra del Espíritu, porque “Él es el perdón de todos los pecados” (ver la oración sobre las ofrendas en la Misa del sábado antes de Pentecostés, y la nueva fórmula de la absolución sacramental). Para el evangelista Lucas, “la conversión y el perdón de los pecados” son el mensaje que los discípulos deberán predicar “a todos los pueblos” (Lc 24,47). Con razón, por tanto, el sacramento de la reconciliación es un inestimable regalo pascual de Jesús: es el sacramento de la alegría cristiana (Bernardo Häring).

 

Los dones del Resucitado han de anunciarse y ser compartidos con toda la familia humana: por eso, Jesús, aquella misma tarde anuncia una misión universal, que Él confía a los apóstoles y a sus sucesores: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo” (v. 21). Son palabras que vinculan para siempre la misión de la Iglesia con la vida de la Trinidad, porque el Hijo es el misionero enviado por el Padre para salvar al mundo, por el amor. “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”: son palabras que es preciso leer en paralelo con estas otras: “Como el Padre me ha amado, yo también los he amado a ustedes” (Jn 15,9), estableciendo así un vínculo indestructible entre misión-amor, amor-misión. Con estas palabras queda definitivamente establecido que la Misión universal nace de la Trinidad (AG 1-6) y es un don-compromiso pascual de Jesús resucitado.

 

Los tres dones del Resucitado: el Espíritu, la reconciliación y la misión, los vivimos en la fe. Aunque no vemos al Señor, somos dichosos (v. 29) si creemos en Él y le amamos. Estamos, por tanto, agradecidos a Tomás (v. 25), el cual ha querido meter su mano en la herida del Corazón de Cristo, que “cubiculum est Ecclesiae”, como afirma S. Ambrosio, es decir, el habitáculo íntimo/secreto de la Iglesia. Ese Corazón es el santuario de la Divina Misericordia, título y tesoro que en este domingo se celebra con creciente devoción popular. (*) La misericordia divina es, desde siempre, la más global y consoladora revelación del misterio cristiano: “La tierra está llena de miseria humana, pero está rebosante de la misericordia de Dios” (S. Agustín). Ésta es la ‘buena noticia’ permanente que la Misión lleva a toda la humanidad.

 

Palabra del Papa
(*)  “El culto a la Misericordia divina no es una devoción secundaria, sino una dimensión que forma parte de la fe y de la oración del cristiano”.- “Jesús, en ti confío: en estas palabras se resume la fe del cristiano, que es fe en la omnipotencia del amor misericordioso de Dios”.

Benedicto XVI

Angelus del 23.4.2006 y del 15.4.2007

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 30/3: B. Ludovico de Casoria A. Palmentieri (1814-1885), franciscano, educador: Junto con otros trabajó activamente para el rescate de jóvenes africanos de la esclavitud.

- 30/3: S. Leonardo Murialdo (1828-1900), sacerdote de Turín, educador, fundador del Instituto de los ‘Josefinos’ para la formación de los chicos abandonados.

- 31/3/1767: Recuerdo de la Expulsión de los Jesuitas de España, Portugal y de sus colonias en América Latina. Seis años después (1773), llegó también la supresión de la Compañía de Jesús.

- 1/4: B. Lodovico Pavoni (1784-1848), sacerdote de Brescia, pionero en el campo social, fundador, entregado a la educación humana, cristiana y profesional de los jóvenes.

- 2/4: S. Francisco de Paula (1416-1507), ermitaño de vida austera, fundador de la Orden de los Mínimos.

- 2/4: BB. Diego Luis de San Vitores (1627-1672), sacerdote jesuita español, y Pedro Calungsod (1654-1672), catequista laico, nacido en Filipinas: ambos fueron asesinados por odio a la fe cristiana y arrojados al mar en la isla de Guam (Marianas, Oceanía).

- 4/4: S. Isidoro (ca. 570-636), obispo de Sevilla y doctor de la Iglesia, de gran ingenio para las ciencias y la organización, considerado el último Padre de la Iglesia latina.

- 4/4: S. Benito Massarari, llamado el ‘Negro’, descendiente de esclavos africanos (Sicilia, 1526-1589), franciscano, el primer africano negro canonizado (1743). Es co-patrono de Palermo.

- 4/4: Recuerdo de Martin Luther King (n. Atlanta, USA, 1929): líder de los derechos civiles, integración racial y “no-violencia-activa”, Premio Nobel de la Paz (1964), asesinado en Memphis (+ 1968)

- 5/4: S. Vicente Ferrer (1350-1419), dominico español, uno de los mayores predicadores y misioneros itinerantes en Europa occidental.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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