PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


Misión pascual es: anuncio del Perdón

III Domingo de Pascua
Año B – 26.04.2009

Hechos  3,13-15.17-19

Salmo  4

1Juan  2,1-5

Lucas  24,35-48

 

Reflexiones

¡La historia de los dos de Emaús acabó de manera sorprendente! La presencia de Jesús, que acompañaba a los dos discípulos en el camino hacia Emaús (Lc 24,13s), se concluyó con el descubrimiento de ese misterioso viajero, capaz de explicar las Escrituras, calentar el corazón y partir el pan... “Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron. Pero Él desapareció de su lado... Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén” (Lc 24,31.33). Aquí comienza el pasaje de Lucas (Evangelio), con los Once apóstoles y los Dos de Emaús que intercambian sus experiencias acerca de las apariciones de Jesús Resucitado (v. 34-35). Finalmente, al cabo de ese día  –¡el primero del nuevo calendario de la historia humana!-  Jesús en persona se aparece a todo el grupo y dice: “¡Paz con ustedes!” (v. 36).

 

La experiencia pascual de los discípulos, que ven y reconocen al Señor resucitado, se converte en anuncio y se transforma en el fundamento mismo de la misión de los apóstoles y de la Iglesia de cada tiempo y lugar. El texto de Lucas es un claro anuncio pascual y misionero: los Dos de Emaús hablan de su encuentro con el Resucitado y Jesús envía a los Once a predicar “a todas las naciones la conversión para perdón de los pecados” (v. 47).

 

Los Apóstoles no eran unos inocentones; opusieron mucha resistencia antes de aceptar que Jesús había resucitado. Lucas lo repite con insistencia: estaban sobresaltados, asustados, perturbados, dudosos, lo creían un fantasma (v. 37-38); por eso el evangelista quiere dar signos concretos de la corporeidad del Resucitado. Por su parte, Jesús insiste en decir: “Soy yo mismo” (v. 39). Y trae pruebas palpables para convencerlos de que es Él mismo “en carne y huesos”: come ante ellos una porción de pez asado (v. 42), los invita a mirar y a tocar manos, pies, costado (v. 39). Al final los discípulos se rinden y creen: las heridas de la pasión se convierten en signos visibles y tangibles de la identidad y continuidad entre el Cristo histórico y el Cristo resucitado.

 

Normalmente, a menos de circunstancias y exámenes especiales, las personas se identifican por el rostro. Jesús, en cambio, quiere que los discípulos  –Tomás, en primer lugar-  le reconozcan por las manos, los pies y el costado. “El punto de referenzia son las cicatrices de los clavos y de la cruz, el punto más alto de una vida entregada por amor. En efecto, el cuerpo de Jesús resucitado conserva las señales del don total de sí... De igual manera, al cristiano se le reconocerá por las manos y los pies... El anuncio de la resurreccióm de Cristo es eficaz y creíble solamente si los dicípulos pueden, al igual que su Maestro, mostrar a los hombres sus manos y sus pies marcados por obras de amor” (F. Armellini).

 

Las tres lecturas de este domingo pascual tienen un hilo conductor común: la conversión y el perdón de los pecados. Ambos  –conversión y perdón-  tienen su raíz en la Pascua de Jesús y son parte esencial del anuncio misionero de la Iglesia. Pedro (I lectura) lo declara en la plaza púbblica el día de Pentecosts: “Arrepiéntanse y conviértanse, para que se borren sus pecados” (v. 19). Y Juan (II lectura) recomienda amablemente a sus hijitos que no pequen; sin embargo, si esto ocurriera, hay siempre una tabla de salvación: “tenemos a uno que abogue ante el Padre, a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación… por los pecados del mundo entero” (v. 1-2).

 

La salvación se nos ofrece como don del Espíritu Santo, el cual, para Lucas y para Juan, está relacionado con el perdón de los pecados. Dicha conexión aparece claramente en la nueva fórmula de la absolución sacramental, así como en una oración de la Misa, en la que se invoca al Espíritu Santo, porque “Él es la remisión de todos los pecados” (cf oración sobre las ofrendas, en el sábado antes de Pentecostés). ¡Puesto que Cristo ha resucitado, la vida es más fuerte que la muerte! (*)

 

En el Evangelio de Juan, la institución del sacramento del perdón de los pecados tiene lugar precisamente el día de Pascua: “A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados” (Jn 20,23). Por tanto, el perdón de los pecados es un regalo pascual de Jesús. Con toda razón, el gran teólogo moralista Bernardo Häring, hablaba del sacramento de la alegría pascual. Para Lucas “la conversión y el perdón de los pecados” son la buena noticia que los discípulos deben predicar “a todas las naciones”. En el nombre, es decir, por mandato de Jesús (Lc 24,47). Estos son los signos del Crucificado-Resucitado; los signos de la Misión.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Desde que Cristo ha resucitado, la gravitación del amor es más fuerte que la del odio; la fuerza de gravedad de la vida es más fuerte que la de la muerte. ¿Acaso no es ésta realmente la situación de la Iglesia de todos los tiempos, nuestra propia situación? Siempre se tiene la impresión de que ha de hundirse, y siempre está ya salvada. San Pablo ha descrito así esta situación: «Somos... los moribundos que están bien vivos» (2 Co 6,9). La mano salvadora del Señor nos sujeta, y así podemos cantar ya ahora el canto de los salvados, el canto nuevo de los resucitados: ¡aleluya!”

Benedicto XVI

Homilía en la Vigilia de la Noche de Pascua, Roma, 11.4.2009

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 27/4: S. Pedro Ermengol (+1304), español: era un saqueador, se convirtió, se hizo religioso mercedario y se entregó al rescate de los esclavos africanos.

- 28/4: S. Luis María Grignon de Montfort (1673-1716), apóstol generoso en las misiones populares en Francia, fundador de las Hijas de la Sabiduría y de los Monfortianos.

- 28/4: S. Pedro Chanel (1803-1841), francés, sacerdote marista, misionero en la isla de Futuna, protomártir y patrono de Oceanía.

- 29/4: S. Catalina de Siena (1347-1380), laica terciaria dominica, mística y doctor de la Iglesia, patrona de Italia y de Europa.

- 30/4: B. María de la Encarnación Guyart Martin (1599-1672), primera mujer misionera de los tiempos modernos (de Francia a Canadá), mística, fundadora  -junto con algunos jesuitas-  de la Iglesia canadiense.

- 30/4: S. José Benedicto Cottolengo (1786-1842), sacerdote de Turín; confiando en la Divina Providencia, fundó obras e institutos para asistir a personas necesitadas y abandonadas.

- 1/5: S. José, obrero, que enseñó a Jesús a trabajar. – Día Mundial de los Trabajadores.

- 2/5: S. Atanasio (295-373), obispo de Alejandrxia de Egipto y doctor de la Iglesia; fue perseguido y expulsado varias veces por los herejes arrianos.

 

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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