PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Del encuentro con el Resucitado a la Misión




III Domingo de Pascua

Año C – 22.04.2007

Hechos  5,27-32.40-41

Salmo  29

Apocalipsis  5,11-14

Juan  21,1-19

 

Reflexiones

Se respira aire fresco, aire de universalidad, de misión en el mundo. El tercer encuentro de Jesús resucitado con un grupo de discípulos (Evangelio) no tiene lugar en el Cenáculo de Jerusalén, con las puertas cerradas, sino al aire libre, a orillas del lago de Galilea, en una mañana de primavera. El hecho de esa pesca milagrosa post-pascual y la misión que Jesús confía a Pedro son descritos con el lenguaje propio de la experiencia mística, con rica simbología, y con notas de una profunda afectividad. De este modo es posible captar el mensaje en su globalidad: el retorno ferial a la pesca, el número de siete pescadores, el mar, el hecho de pescar, la noche infructuosa, el amanecer, el Señor en la orilla, la abundante pesca, el fuego para el desayuno, el banquete; y luego la misión confiada a Pedro tras un sorprendente test sobre el amor, la triple entrega del rebaño, el compromiso de un seguimiento por toda la vida hasta la muerte...

 

El simbolismo místico enriquece el hecho y favorece una comprensión más plena y universal del mismo. Por ejemplo, si el mar es símbolo de las fuerzas enemigas del hombre, el hecho de pescar y de convertirse en pescadores de hombres (Mc 1,17) significa liberarlos de las situaciones de muerte, y la pesca se convierte en símbolo de la misión apostólica. El éxito de dicha misión, aunque muy arriesgada, se ve en los “153 peces grandes” (v. 11). Entre las muchas interpretaciones de este número, cabe subrayar dos: ante todo la exactitud contable de un testigo ocular, pero, a la vez, el simbolismo del “50x3+3”, donde el número 50 es símbolo de la totalidad del pueblo y el 3 indica la perfección. Por tanto, ningún pez se escapa. El banquete, al que Jesús invita, alude a la conclusión de la historia de la salvación. Y en la triple entrega misionera Pedro llega a ser el pastor de todo el rebaño.

 

Las diferentes apariciones del Resucitado se pueden catalogar en dos grupos: apariciones de reconocimiento, en las que Jesús quiere en primer lugar darse a conocer como ‘viviente’, y las apariciones de misión, en las que Jesús confía encargos específicos de inmediata aplicación (vayan a decir a...) o de largo alcance (vayan al mundo entero, hagan discípulos de entre todas las naciones...). De esta manera, gradualmente, en los discípulos se va perfilando el alcance universal del acontecimiento ‘resurrección’: el Resucitado (I lectura) es “jefe y salvador” de todos los pueblos (v. 31) y esta Buena Noticia debe anunciarse a todos, en todas partes. Obedeciendo a Dios antes que a los hombres (v. 29). Los discípulos empiezan a realizarlo enseguida en su calidad de testigos de los hechos (v. 32), con valor y alegría, a pesar de sufrir ultrajes “por el nombre de Jesús” (v. 41). A Él, Cordero degollado (II lectura), todas las criaturas del cielo y de la tierra deben rendir honor y alabanza por siempre (v. 12-13).

 

La experiencia del Resucitado va más allá de las apariciones iniciales (Evangelio): se prolonga en el reconocimiento de la presencia verdadera y eficaz del Señor en la vida sencilla de cada día. “Jesús se da a conocer por sus gestos: uno extraordinario  -la pesca milagrosa-;  los demás muy sencillos y familiares. Ha preparado pan y pescado, y los invita amablemente a comer. Toma el pan, se lo da y así también el pescado, como ya lo había hecho muchas veces. Parece que Jesús, en lugar de manifestar toda su gloria, haya preferido preparar a sus discípulos para captar su presencia misteriosa, que, tras la resurrección es presencia universal: ahora Jesús está presente en todas partes, de manera divina, pero también con su humanidad... Los cristianos están llamados a buscar una gloria divina que no es exterior; están llamados a reconocer a Jesús en sus hermanos... reconocer a Jesús que se hace presente en los más pobres, en los más humildes, en los más necesitados: en ellos los cristianos deben reconocer su gloria, la gloria misteriosa de su Señor y el poder de su acción divina, que cumple prodigios sirviéndose de instrumentos humildes y sencillos” (Albert Vanhoye).

 

Una vida cotidiana ‘como resucitados’, vivida con fe y amor, tiene una doble vertiente de relaciones: la gratitud hacia Dios y el compromiso misionero hacia los demás. Ésta es la enseñanza también del Papa Pío XII, el cual, hace exactamente 50 años, publicó la encíclica misionera ‘Fidei Donum’, para atraer la atención de la Iglesia y del mundo hacia África en una época crucial de su destino milenario. La encíclica se abre con una reflexión sobre el ‘don de la fe’ (*)  como punto de partida para el compromiso misionero en las diferentes situaciones, lugares y expresiones.

 

 

Palabra del Papa

(*)  “El don de la fe y la riqueza incomparable de gracias que le acompañan al ser infundida en nuestras almas nos obligan a una permanente actitud de agradecimiento hacia su Divino Autor... El espíritu misionero, animado por el fuego de la caridad, es en cierto modo la primera respuesta de nuestra gratitud hacia Dios, al comunicar a nuestros hermanos la fe que nosotros hemos recibido”.

Pío XII

Encíclica Fidei Donum, 21.4.1957

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 21/4: En 1957 Pío XII publicó la encíclica misionera “Fidei Donum”, sobre la situación de las misiones católicas, particularmente en África.

- 23/4: S. Jorge (s. IV, en Palestina), santo popular por la lucha contra el dragón; mártir venerado desde la antigüedad por las Iglesias de Oriente y de Occidente.

- 23/4: S. Adalberto (Vojtech), obispo de Praga y mártir (956-997), intrépido misionero en Polonia y entre otros pueblos eslavos.

- 24/4: S. Fidel de Sigmaringen (1577-1622), sacerdote capuchino suizo, protomártir de la Congregación de Propaganda Fide (fundada en 1622) y de la incipiente Orden de los Capuchinos.

- 25/4: S. Marcos, evangelista, discípulo de Pablo y de Pedro; es considerado el fundador de la Iglesia de Alejandría de Egipto.

- 25/4: S. Pedro de Betancur (1626-1667), hermano terciario franciscano, misionero español en Guatemala, llamado “hombre que fue caridad” por su entrega a los huérfanos, mendigos y enfermos.

27/4: S. Pedro Ermengol (+1304), español, predador que se convirtió, se hizo religioso mercedario y se entregó al rescate de los esclavos en África.

- 28/4: S. Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), ardiente apóstol en las misiones populares en Francia, fundador de las Hijas de la Sabiduría y de los Monfortianos.

- 28/4: S. Pedro Chanel (1803-1841), francés, sacerdote marista, misionero en la isla Futuna, protomártir y patrono de Oceanía.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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