PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


El “Buen Pastor”: estímulo y modelo de Misión




IV Domingo de Pascua

Año C – 29.04.2007

Hechos  13,14.43-52

Salmo  99

Apocalipsis  7,9.14-17

Juan  10,27-30

 

Reflexiones

El ‘Buen Pastor’ es la primera imagen introducida por los cristianos, ya desde el s. III, en las catacumbas, para representar a Jesucristo, muchos siglos antes del crucifijo. La razón de esta antigüedad radica en la riqueza bíblica de la imagen del pastor (cf. Éxodo, Ezequiel, Salmos…), con el cual Jesús se ha identificado y que Juan (cap. X) ha leído en clave mesiánica. Abundan, en efecto, las expresiones que describen la vida y las relaciones entre el pastor y las ovejas: entrar-salir, conocer, llamar-escuchar, abrir, conducir, caminar-seguir, perecer-arrebatar, dar la vida… Hasta la identificación plena de Jesús con ‘el buen pastor que entrega su vida por las ovejas’ (v. 11.14). Cabe notar que el texto griego emplea aquí un sinónimo, el “pastor hermoso” (v. 11.14), es decir, bueno, perfecto, que une en sí la perfección estética y ética.

 

El cuarto domingo de Pascua se llama, tradicionalmente, el “Domingo del Buen Pastor”, porque el pasaje del Evangelio se toma del capítulo X de Juan, en el cual Jesús se presenta como el verdadero pastor del pueblo. Para el evangelista Lucas, Jesús es el buen pastor que va en busca de la oveja descarriada, se la carga sobre los hombros, convoca a los amigos para una fiesta... (Lc 15,4-7): es un pastor con corazón misericordioso. Esta imagen llena de ternura se completa con la de Juan, el cual presenta a un pastor atento y enérgico en defender las ovejas de los ladrones y de los animales feroces, decidido a luchar hasta dar su vida por el rebaño.

 

Jesús nos confirma obstinadamente que su iniciativa de salvar a las ovejas tendrá éxito: “no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano... nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre” (v. 28-29). Esta certeza no se funda en la bondad y fidelidad de las ovejas, sino en el amor gratuito de Cristo, que es más fuerte que las miserias humanas. Él no renuncia a ninguna oveja, aunque se hayan alejado o no le conozcan: todas deben entrar por la puerta que es Él mismo (v. 7), porque Él es el único salvador. Él ofrece su vida por todos: Él tiene también otras ovejas a las que debe recoger, hasta formar un solo rebaño con un solo pastor (v. 16). La misión de la Iglesia se mueve con estos parámetros de universalidad: vida entregada por todos, vida en abundancia, la perspectiva del único rebaño... Aunque el rebaño es numeroso, nadie sobra, nadie queda perdido en el anonimato; las relaciones son personales: el pastor conoce a sus ovejas, las llama a cada una por su nombre y lo siguen (v. 3.27).

 

Para Juan, la buena noticia de la Pascua es doble: Cristo es el ‘Buen Pastor con el corazón traspasado’, del cual mana la vida para  “una muchedumbre inmensa” y multiforme, que nadie podría contar (II lectura); y Cristo es también el Cordero sacrificado, en cuya sangre todos hallan purificación y consuelo en la gran tribulación (v. 14). En su contemplación en la isla de Patmos (Ap 1,9), Juan llega a la identificación entre el Cordero y el Pastor, que conduce “hacia fuentes de aguas vivas” (v. 17). La vida sin hambre, ni sed, ni lágrimas (v. 16-17) será un día una realidad; pero de momento queda como una promesa en el horizonte, una palabra segura que se cumplirá.

 

Mientras aguarda ese día, el cristiano tiene una tarea inmensa que cumplir: anunciar el Evangelio de Jesús por el mundo, aunque entre oposiciones y resistencias de todo tipo, pero siempre con la certeza que ha sostenido Pablo en su misión (I lectura): “Yo te haré luz para las naciones, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra” (v. 47). Siguiendo el ejemplo de Pablo se puede entender el llamado de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que hoy se celebra.  (*)

 

La vocación de especial consagración (sacerdocio, vida consagrada, vida misionera, servicios laicales…) se fortalece sólidamente en la experiencia personal de sentirse amado y llamado por Alguien. Para cualquier tipo de vocación, es determinante sentir como verdadera esta palabra de Jesús: “Conozco a mis ovejas y ellas me siguen” (v. 27). Se trata de una experiencia fundante, que el teólogo protestante K. Barth, superando el idealismo cartesiano, expresa así: “Cogitor, ergo sum” (soy pensado, luego existo). Sentirse en el corazón de Dios te hace sentir grande, con vida, te da seguridad, te hace sentir hijo y hermano, te hace apóstol. Te abre el corazón hacia el mundo, compartiendo las ansias e inquietudes del Buen Pastor, que tiene “además otras ovejas” (v. 16) que recoger y salvar. La contemplación lleva a la identificación con el Buen Pastor: te hace Iglesia misionera. Con horizontes tan grandes como el mundo entero.

 

Palabra del Papa

(*)  “¿A dónde vamos, si respondemos ‘sí’ a la llamada del Señor? La descripción más concisa de la misión sacerdotal, que vale análogamente también para las religiosas y los religiosos, nos la ha dado el evangelista san Marcos, que, en el relato de la llamada de los Doce, dice: «Instituyó Doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14). Estar con él y, como enviados, salir al encuentro de la gente: estas dos cosas van juntas y, a la vez, constituyen la esencia de la vocación espiritual, del sacerdocio. Estar con Él y ser enviados: son dos cosas inseparables. Sólo quienes están ‘con Él’ aprenden a conocerlo y pueden anunciarlo de verdad. Y quienes están con Él no pueden retener para sí lo que han encontrado, sino que deben comunicarlo”.

Benedicto XVI

Homilía en Altötting (Alemania) para los seminaristas y los religiosos, 11.9.2006

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

-29/4: IV Domingo de Pascua - Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

- 29/4: S. Catalina de Siena (1347-1380), laica terciaria dominicana, mística y doctora de la Iglesia, patrona de Italia y de Europa.

- 30/4: B. María de la Encarnación Guyart Martin (1599-1672), primera misionera de la historia (de Francia a Canadá), mística, fundadora  -junto con algunos jesuitas-  de la Iglesia canadiense.

- 30/4: S. José Benedicto Cottolengo (1786-1842), sacerdote de Turín; confiando en la Divina Providencia, fundó obras e Institutos para asistir a la gente más necesitada y abandonada.

- 1/5: S. José obrero, que enseñó a Jesús a trabajar. – Jornada Mundial de los Trabajadores.

- 2/5: S. Atanasio (295-373), obispo de Alejandría de Egipto y doctor de la Iglesia; fue perseguido y varias veces expulsado por los herejes arrianos.

- 3/5: Ss. Apóstoles: Felipe de Betsaida, y Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén.

- 3/5: B. María Leonia (Alodia) Paradis (1840-1912), religiosa canadiense, fundadora de las Pequeñas Hermanas de la S. Familia de Sherbrooke, en Quebec (Canadá).

- 4/5: B. Juan Martín Moyë (+1793), sacerdote de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, misionero en China, fundador, fallecido en Tréveris (Alemania).

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++