PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


La fuerza explosiva y misionera del amor




V Domingo de Pascua

Año C – 06.05.2007

Hechos  14,21-27

Salmo  144

Apocalipsis  21,1-5

Juan  13,31-33a.34-35

 

Reflexiones

Durante la larga conversación en la Última Cena, a la que Juan consagra cinco capítulos (del 13 al 17), llega el momento en que Judas toma el bocado y sale. “Era de noche” (Jn 13,30). Judas entra en esa trágica noche, llevando dentro su misterio. Cuando salió Judas, Jesús habla con insistencia de su ‘glorificación’ (Evangelio): la menciona cinco veces (v. 31-32). El contraste es enorme, paradójico: faltan tan sólo pocas horas para su captura y muerte en la cruz; sin embargo, Él insiste en hablar de ‘gloria’. ¿En qué consiste, entonces, su glorificación? Su gloria es el momento mismo de su muerte-resurrección: ser como el grano de trigo que cae en tierra y muere para dar mucho fruto (Jn 12,24). Él lo había anunciado ya pocos días antes, cuando llegaron a Jerusalén algunos griegos que querían “ver a Jesús” (Jn 12,20-21). Él presenta su carta de identidad en el grano de trigo que muere generando vida. Una extraña gloria en la locura de la cruz: ¡con su muerte-resurrección Jesús revela cuán grande es el amor de Dios que salva a todos!

 

A la luz de este amor divino que sobrepasa toda medida, se percibe la grandeza del “mandamiento nuevo”, que Jesús deja a sus ‘hijos-discípulos’ como credencial de reconocimiento: “como yo los he amado, ámense también unos a otros” (v. 33-35). La insistencia de Jesús sobre el amor mutuo  -lo repite tres veces en dos versículos-  tiene las características de un testamento importante acerca de un mandamiento que Él, con toda razón, llama “nuevo”.

 

El Antiguo Testamento ordenaba: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Jesús va más allá:

1. Ante todo, su medida ya no es tan sólo “como a ti mismo”, con las incógnitas y los errores propios del egoísmo, sino “como yo los he amado”; es decir, la certeza y la medida sin medida del amor divino.

2. El amor que Jesús propone es nuevo, porque es completamente gratuito: no busca motivos para amar; ama al que no lo merece o al que no puede corresponder; ama también al que le hace daño.

3. Se trata de un mandamiento nuevo, porque “antes de Jesús, nadie jamás ha intentado construir una sociedad basada sobre un amor como el suyo. La comunidad cristiana se coloca así como una alternativa, como una propuesta nueva ante todas las sociedades viejas del mundo, ante aquellas que se basan sobre la competitividad, sobre la meritocracia, el dinero, el poder. Éste es el amor que debe ‘glorificar’ a los discípulos de Cristo” (F. Armellini). “La señal por la que conocerán todos que son discípulos míos...” (v. 35): el amor mutuo y gratuito tiene una irresistible, contagiosa y explosiva fuerza de irradiación misionera. Lo ha repetido también el Papa Benedicto XVI en su reciente viaje pastoral a Pavía sobre las huellas de San Agustín. (*)

 

Tan sólo el amor es capaz de inspirar y tejer relaciones nuevas y vitalizantes entre las personas; tan sólo la revolución del amor es capaz de transformar las personas y, por tanto, las instituciones. Lo enseñaba también Raúl Follereau, ‘apóstol de los leprosos y vagabundo de la caridad’: “El mundo tiene sólo dos opciones: amarse o desaparecer. Nosotros hemos optado por el amor. No un amor que se conforma con lloriquear sobre los males ajenos, sino un amor combativo, creativo. Para que llegue, para que reine, nosotros lucharemos sin pausa ni desmayo”.

 

Todo el que asume este desafío quiere decir que acepta la utopía de “un cielo nuevo y una tierra nueva” (II lectura), entra en la nueva “morada de Dios con los hombres”, donde ya no habrá lágrimas, ni muerte, ni dolor, por la fe en Aquel que afirma: “todo lo hago nuevo”. Incluida una sociedad nueva que se basa y tiene como objetivo la civilización del amor. De igual manera, la misión de Pablo y Bernabé (I lectura) perseguía este objetivo final: abrir “a los paganos la puerta de la fe” (v. 27), exhortándolos a perseverar en la fe y a ser fuertes en las inevitables tribulaciones “para entrar en el reino de Dios” (v. 22). Este primer viaje misionero de Pablo (Hechos 13-14) es una página intensa y estimulante de metodología misionera: por la manera en que la comunidad cristiana de Antioquía escoge a los misioneros que envía, por el valor (la ‘parresía’) de Pablo y Bernabé en dar el primer anuncio del Evangelio de Jesús a judíos y paganos, por la designación de presbíteros y la institución de nuevas comunidades eclesiales, por el diálogo con la comunidad de Antioquía a su retorno... En una palabra, ¡un modelo de praxis misionera!

 

Palabra del Papa

(*)  “El Amor es el alma de la vida de la Iglesia y de su acción pastoral... Tan sólo el que vive la experiencia personal del amor del Señor puede ejercer la tarea de guiar y acompañar a otros en el camino del seguimiento de Cristo. A la escuela de San Agustín repito esta verdad para ustedes como Obispo de Roma, mientras que, con gozo siempre nuevo, la acojo con ustedes como cristiano... Tras las huellas de Agustín, sean también ustedes una Iglesia que anuncia con franqueza la ‘gozosa noticia’ de Cristo, su propuesta de vida, su mensaje de reconciliación y de perdón”.

Benedicto XVI

Homilía en las Vísperas ante la tumba de san Agustín, Pavía, 22.4.2007

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 6/5: S. Pedro Nolasco (+1245 a Barcelona), fundador, junto con S. Raimundo de Peñafort y el rey Jaime I de Aragón, de la Orden de la Merced para el rescate y la redención moral de los esclavos.

- 6/5: B. Francisco de Montmorency-Laval (1623-1708), misionero francés, obispo de Quebec (Canadá)

- 6/5: B. Rosa Gattorno (1831-1900), madre de familia y viuda, fundó en Piacenza el Instituto de las Hijas de Santa Ana, que muy pronto (1878) partieron como misioneras hacia otros continentes.

- 8/5: B. María Catalina Symon de Longprey (+1668), de las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, entregada al cuidado físico y espiritual de los enfermos en Quebec (Canada).

- 8/5: S. Magdalena de Canossa (Verona, 1774-1835), virgen: renunció a sus bienes patrimoniales y fundó dos Congregaciones para la educación cristiana de la juventud.

- 8/5: Jornada Internacional de la Cruz Roja (desde 1929) y de la Media Luna Roja.

- 9/5: S. Pacomio (Alto Egipto, 347-348), padre del monacato cenobítico cristiano, autor de una de las primeras reglas monásticas.

- 10/5: S. Juan de Ávila (1500-1569), entregado a las misiones populares en el sur de España, amigo y socio de los grandes reformadores de su tiempo; es el patrono de los sacerdotes diocesanos españoles.

- 10/5: B. Ivan Merz (1896-1928), laico de Croacia, humanista, comprometido en la vida social.

- 11/5: Memoria del P. Mateo Ricci (1552-1610), sacerdote jesuita italiano, que vivió, murió y está enterrado en Beijing; pionero de una nueva presencia misionera y cristiana en China.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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