PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


El Espíritu da la vida y empuja a la Misión



VI Domingo de Pascua
Año “A” – Domingo  27.4.2008

Hechos  8,5-8.14-17
Salmo  65
1Pedro  3,15-18
Juan  14,15-21

 

Reflexiones
Un clima de despedida se respira en el discurso-conversación-plegaria de Jesús con sus amigos después de la Última Cena (Evangelio): abundan las emociones, los recuerdos, las preguntas, los temores… Sin embargo, sobre todo eso prevalece la promesa consoladora del Maestro: “No los dejaré desamparados, volveré… (v. 18); el Padre les dará otro Defensor… para siempre” (v. 16). Jesús promete el Espíritu como don para el que ora (Lc 11,13), lo presenta como defensor y paráclito (Jn 16,7-11), como Espíritu de la verdad plena (Jn 14,17; 16,13), como perdón de los pecados (Jn 20,22-23), como Espíritu que grita en nosotros “¡Abbá, Padre!” (Rom 8,15)… En resumen, el Espíritu que Jesús promete a sus discípulos es un verdadero “Paráclito” (v. 16): palabra tomada del ámbito judicial para indicar una persona llamada a estar al lado de uno (v. 17) como ayudante, protector, defensor. Por tanto, una presencia amiga, una compañía íntima y afectuosa.

 

Él es el Espíritu de amor en el seno de la Trinidad y en cada uno de nosotros, nuevo principio de vida moral para cumplir los mandamientos. En efecto, no basta presentar la ley moral para que se guarde. La mera ley es como las señales de tráfico: indican la dirección justa, pero son incapaces de mover el coche; se necesita un motor. Jesús, además de indicarnos el camino, nos da también su fuerza, el Espíritu, para ir hacia la meta. ¡Por amor! Se guarda la ley con un Espíritu diferente: como expresión y signo de amor. En la gratuidad y reciprocidad (v. 21).

 

El Espíritu anima la misión de los creyentes, entre todos los pueblos, como se ve en Pentecostés, hasta los confines de la tierra (cf Hch 1,8). Eso mismo se constata también en la fundación de la Iglesia en Samaria (I lectura), la segunda comunidad (después de Jerusalén), seguida por Antioquia (Hch 11,19-26) y otras. En los comienzos de la comunidad de Samaria encontramos a un diácono, Felipe: llega allí huyendo de la persecución desatada después de la lapidación de Esteban, predica a Cristo, le escuchan con aprobación, cumple prodigios, bautiza, la ciudad se llena de alegría (v. 8). Son los signos iniciales de una comunidad de fe, que más tarde recibirá el sello de los Apóstoles Pedro y Juan con el don del Espíritu Santo (v. 17). La fundación de Antioquía tiene inicios parecidos, gracias a simples cristianos que se dispersaron a raíz de la misma persecución; los apóstoles llegarían posteriormente.

 

La historia de la Iglesia misionera está llena de hechos semejantes: casi todas las comunidades cristianas empiezan con un laico, un catequista, una familia, unas religiosas, un grupo de laicos y laicas (la ‘Legión de María’, por ejemplo, y otros)… Solamente más tarde llegan el sacerdote y el obispo, con los sacramentos de la iniciación cristiana y las estructuras eclesiales. Un caso emblemático son los comienzos de la Iglesia en Corea (s. XVIII) ): algunos laicos coreanos, regresando de China donde habían encontrado la fe cristiana y el bautismo, llevaron consigo libros cristianos y comenzaron a anunciar el Evangelio de Jesús. Tan sólo unas décadas más tarde llegaron a Corea el primer sacerdote de China y los primeros misioneros desde Francia.

 

La Iglesia es una comunidad de creyentes en Cristo, cuyos miembros  –como los destinatarios de la carta de Pedro (II lectura)–  están “siempre prontos para dar razón de su esperanza a todo el que se la pidiere” (v. 15). (*) En las páginas de los Hechos se respira la lozanía misionera propia de las primeras comunidades cristianas. Una lozanía y un ardor que se vuelven contagiosos y que no se pueden ni se deben ocultar. Con razón se ha dicho que “los cristianos se vuelven ridículos cuando ocultan lo que los hace interesantes” (Card. J. Daniélou). La Iglesia del Resucitado es una comunidad misionera portadora de un mensaje de vida y de esperanza para anunciarlo a todos los pueblos, como lo afirma el Concilio: “La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el Reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos” (GS 1).

 

 

Palabra del Papa
(*)  “Ruego para que todos los católicos (sepan aprovechar la ocasión) para reafirmar su unidad en la fe apostólica, para ofrecer a sus contemporáneos una razón convincente de la esperanza que los inspira (cf 1P 3,15) y para renovar su celo misionero al servicio de la difusión del Reino de Dios. El mundo necesita el testimonio”.

Benedicto XVI
Homilía en Washington (USA), 17 de abril de 2008

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 27/4: S. Pedro Ermengol (+1304), español, ladrón que se convirtió, se hizo religioso mercedario y se entregó al rescate de los esclavos en África.

- 28/4: S. Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), ardiente apóstol en las misiones populares en Francia, fundador de las Hijas de la Sabiduría y de los Monfortianos.

- 28/4: S. Pedro Chanel (1803-1841), francés, sacerdote marista, misionero en la isla Futuna, protomártir y patrono de Oceanía.

- 29/4: S. Catalina de Siena (1347-1380), laica terciaria dominica, mística y doctora de la Iglesia, patrona de Italia y de Europa.

- 30/4: B. María de la Encarnación Guyart Martin (1599-1672), primera misionera de la historia (de Francia a Canadá), mística, fundadora  -junto con algunos jesuitas-  de la Iglesia canadiense.

- 30/4: S. José Benedicto Cottolengo (1786-1842), sacerdote de Turín; confiando en la Divina Providencia, fundó obras e Institutos para asistir a la gente más necesitada y abandonada.

- 1/5: S. José Obrero, de Nazaret, quien enseñó a Jesús a trabajar. – Jornada Mundial de los Trabajadores.

- 2/5: S. Atanasio (295-373), obispo de Alejandría de Egipto y doctor de la Iglesia; fue perseguido y expulsado varias veces por los herejes arrianos.

- 3/5: SS. Apóstoles Felipe de Betsaida, y Santiago el menor, primer obispo de Jerusalén.

- 3/5: B. María Leonia (Alodia) Paradis (1840-1912), religiosa canadiense, fundadora de las Hermanitas de la S. Familia de Sherbrooke, en Quebec (Canadá).

 

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++