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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

“¡Vayan...!” – Los “pies” de la Iglesia misionera

Domingo 7° de Pascua - Ascensión del Señor
Año B – Domingo  24.5.2009

Hechos  1,1-11
Salmo  46
Efesios  4,1-13
Marcos  16,15-20

Reflexiones
La Ascensión de Jesús al cielo presenta tres aspectos complementarios: 1°- es una gloriosa manifestación de Dios (I lectura), con la nube propia de las apariciones divinas, hombres vestidos de blanco, cuatro referencias al cielo en tan sólo dos versículos, el anuncio del retorno futuro (v. 9-11); 2°- es el epílogo de una hazaña difícil y paradójica, pero exitosa (II lectura): Jesús, subiendo a lo alto, distribuye dones a los hombres y llena el universo (v. 8.10); 3°- es el envío de los apóstoles para una misión grande como el mundo (Evangelio).

Los acontecimientos que coronan la vida terrena de Jesús dan sentido e iluminan el doloroso recorrido anterior. “Por eso, Juan habla de exaltación, por tanto de ascensión de Jesús en el mismo día de la muerte en la cruz: muerte-resurrección-ascensión constituyen el único misterio pascual cristiano, en el cual se realiza la recuperación en Dios de la historia humana y del ser cósmico. También los cuarenta días, mencionados en Hechos 1,2-3, evocan un tiempo perfecto y definitivo, y no se deben considerar en modo alguno como una información cronológica” (G. Ravasi).


El cumplimiento, o epílogo, de la Pascua de Jesús es la raíz de la gozosa esperanza de la Iglesia y de la serena confianza de los fieles de poder gozar un día de la misma gloria de Cristo (Prefacio). Ésta es la base del compromiso apostólico y del optimismo que anima a los misioneros del Evangelio, con la certeza de ser portadores de un mensaje de vida y de esperanza, que ya ha tenido éxito pleno en Cristo gracias a la resurrección; y lo va teniendo, aunque sólo parcialmente, también en la vida de los miembros de la comunidad cristiana. Los frutos ya se dan: es preciso verlos y saber apreciarlos.

Motivados interiormente por esta positiva experiencia de vida nueva en Cristo, los Apóstoles  –y los misioneros de todos los tiempos–  se convierten en sus “testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo” (Hch 1,8), en un movimiento que se abre de manera progresiva del centro (Jerusalén) hacia una periferia tan vasta como todo el mundo. En efecto, el mundo entero es el campo al cual Jesús, antes de subir al cielo, envía a los suyos (Evangelio): “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación” (v. 15). ). Algunas estampas presentan la fiesta de hoy con dos pies que sobresalen de la nube que envuelve el cuerpo de Jesús. Son los pies de la Iglesia misionera, los pies con los cuales Jesús sigue andando hoy por los caminos del mundo. La Ascensión, por tanto, no es una fiesta de adiós por una salida, sino fiesta de envío, de misión. Una misión que se realiza gracias a la presencia permanente del Señor, que coopera con los evangelizadores y confirma la Palabra con señales (v. 20). El mismo Señor que nos asegura: “He aquí que yo estoy con ustedes todos los días” (Mt 28,20).

Los verbos del envío en misión mantienen su perenne actualidad: ‘ir’ indica el dinamismo y el valor para adentrarse en las siempre nuevas situaciones del mundo; ‘proclamar el Evangelio’ a los pueblos para que se hagan seguidores no ya de una doctrina, sino de una Persona; ‘creer’ equivale a la obediencia de la fe; ‘bautizar’ hace referencia al sacramento que transforma e introduce a las personas en la vida trinitaria y eclesial.

Los apóstoles cumplen en seguida el mandato de Jesús: “Se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes” (v. 20). Las últimas palabras de los cuatro Evangelios son el lanzamiento de la Iglesia en misión  -¡una Iglesia en permanente estado de Misión!-   para continuar la obra de Jesús. ¡Por todas partes
, siempre! Con el aporte de cada uno, arremangándose, según la expresión popular, para que el proyecto de Jesús llegue a transformar a las personas por dentro, en el corazón, y, de esta manera, se logre crear un mundo más justo, fraterno, solidario. (*) La mirada al cielo  -meta final e inspiradora del gran viaje de la vida-  lejos de distraer y de quitar energías, estimula a los cristianos y los evangelizadores a tener una mirada de amor hacia el mundo, un compromiso misionero sintonizado con las situaciones concretas, generoso y creativo. ¡Para la vida de la familia humana!

Palabra del Papa
(*)  “Permítame hacer este llamamiento a todas las personas de estas tirras: ¡Jamás derramamiento de sangre! ¡Jamás combates! ¡Jamás terrorismo! ¡Jamás guerras! Por lo contrario, hagamos todo lo posible para romper el círculo vicioso de la violencia! ¡Hagamos todo lo posible para que haya paz duradera basada en la justicia, que haya reconciliación y curación auténticas!”

Benedicto XVI
Discurso de despedida, Tel Aviv, 15 de mayo de 2009

 
Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 24/5: Ascensión del Señor Jesùs al cielo, después de enviar a los Apóstoles al mundo entero. – Jornada de las Comunicaciones Sociales, con el tema: "Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo, de amistad".
- 24/5: B. Juan del Prado (1563-1631), sacerdote franciscano español, misionero y mártir en Marruecos, mientras se ocupaba en asistir espiritualmente a los esclavos cristianos.

- 25/5: Día de África, en el aniversario de la creación de la ‘Organización de la Unidad Africana’ (OUA) en Addis Abeba (Etiopía, 1963).
- 26/5: S. Felipe Neri (1515-1595), sacerdote, apóstol de la juventud romana, fundador del Oratorio.
- 26/5: S. Mariana de Jesús de Paredes (1618-1645), ecuatoriana, laica terciaria franciscana, que se dedicó a ayudar a los indígenas y negros en Quito (Ecuador).
- 27/5: S. Agustín, obispo de Cantorbery (+604/605), monje romano, enviado por el Papa S. Gregorio Magno como misionero a Inglaterra, donde fundó varias sedes episcopales.
- 28/5: BB. Antonio Juliano Nowowiejski (1858-1941) y León Wetmanski (1886-1941), respectivamente arzobispo y obispo auxiliar de Plock (Polonia), presidente y secretario de la Pontificia Unión Misional (PUM), ambos fallecidos en un campo de concentración.
- 29/5: B. José Gérard (1831-1914), sacerdote franés de los Oblatos de María Inmaculada, misionero pionero en Suráfrica y Lesotho.
- 29/5: S. Úrsula (Julia) Ledóchowska (1865-1939), religiosa austriaca, fundadora de las Ursulinas del S. Corazón de Jesús en Agonía: realizó viajes misioneros en varios países europeos.
- 30/5: S. José Marello (1844-1895), obispo de
Acqui Terme (Piamonte), fundador de los Oblatos de S. José, para la formación moral y cristiana de la juventud.

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A cura di: P. Romeo Ballan – Missionari Comboniani (Verona)
Sito Web:   www.euntes.net    “Parola per la Missione”

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