PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera

sobre la liturgia dominical

   

EL ESPÍRITU DE LA MISIÓN Y DEL PERDÓN

 

Domingo de Pentecostés

Año “A” – Domingo  15.5.2005


Hechos  2,1-11                          

Del Salmo  103

1Corintios  12,3-7.12-13

Juan  20,19-23


 

                       

 

        

Reflexiones

 

La fiesta hebraica de Pentecostés se ha convertido progresívamente en un memorial de las grandes alianzas de Dios con su pueblo (con Noé, Abrahán, Moisés, Jeremías, Ezequiel…), en un camino de interiorización de la ley, que alcanza su culminación en el don del Espíritu, que se nos da como verdadero y definitivo principio de vida nueva, Espíritu de unidad (de fe y de amor) en la pluralidad de carismas y de culturas. La I y la  II lectura conjugan muy bien la unidad y la pluralidad, que son ambas dones del mismo Espíritu, quien se manifiesta como viento y fuego que llenan la casa y envuelven a cada uno (Hch 2,2-3). Pueblos diferentes que conforman la mapa del mundo entienden un mismo lenguaje común a todos (v. 9-11). S. Pablo atribuye claramente al Espíritu la capacidad de hacer a la Iglesia unida y múltiple en la pluralidad de dones, servicios, funciones (cf. 1Cor 12,4-6).

 

El Espíritu Santo es ciertamente el fruto más grande de la Pascua en la muerte y resurrección de Jesús, quien Lo exhala sobre los discípulos (Evangelio): “Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdones los pecados, les quedan perdonados” (Jn 20,22-23). Él es el Espíritu del perdón de los pecados y el Espíritu de la misión universal. Para Juan, el don del Espíritu está esencialmente vinculado con el perdón de los pecados. Esta conexión aparece ahora más evidente en la nueva fórmula de la absolución sacramental, lo mismo que en la oración sobre las ofrendas (Misa del sábado antes de Pentecostés), donde se invoca al Espíritu Santo, porque “El es el perdón de todos los pecados”. Para Lucas, “la conversión y el perdón de los pecados” son el mensaje que los discípulos deberán predicar “a todos los pueblos” (Lc 24,47). El sacramento de la reconciliación y perdón de los pecados es un regalo pascual de Jesús, es un don del Espíritu Santo, es el sacramento de la alegría cristiana (B. Häring).

 

El Espíritu Santo es el Espíritu de la misión universal, el protagonista de la misión (cf. RMi cap. III; EN 75s), que Jesús confía a los apóstoles y a sus sucesores: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo” (Jn 20,21). Son palabras que vinculan para siempre la misión con la vida de la Trinidad, porque el Hijo es el misionero enviado por el Padre para salvar al mundo, por el amor. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo” son palabras que es preciso leer en paralelo con estas otras: “Como el Padre me ha amado, yo también los he amado a ustedes” (Jn 15,9), estableciendo así un vínculo inseparable entre misión-amor, amor-misión.

 

El soplo de Jesús sobre los Apóstoles en la tarde de Pascua evoca la creación nueva, que es obra del Espíritu, como explica un conocido exegeta: “El gesto de la insuflación simboliza la aparición de una humanidad nueva; y los apóstoles, hacia los cuales el gesto va dirigido, son considerados por Jesús... como los cooperadores de Cristo y del Espíritu Santo en la realización de este grandioso designio: normalmente, es a través de su mediación que los hombres son arrancados del dominio del pecado y reciben la vida nueva” (A. Feuillet). De manera real, aunque invisible, el Espíritu dispone los corazones de las personas, incluidos los no cristianos, para el encuentro salvífico con Cristo, como lo enseña el Concilio. *

 

Estrechamente vinculada a la obra creativa y purificadora del Espíritu está también su acción capaz de sanar y curar. Se trata de un poder real y eficaz, para el cual existe una particular sensibilidad en el mundo misionero, aunque a menudo no es fácil discernir. Emblemáticamente, se está celebrando en Atenas en estos días (9-16 de mayo) una Conferencia Ecuménica Mundial (con la participación de más de 500 delegados de Iglesias y confesiones cristianas, incluida una delegación de católicos), sobre ‘Misión y Evangelización’, bajo el tema: “Ven, Espíritu Santo, sana y reconcilia”. La acción sanadora alcanza a veces también el cuerpo, pero más a menudo toca el espíritu humano, sanando las heridas interiores y derramando el bálsamo de la reconciliación y de la paz.

 

 

Parola del Papa

*  “Por medio del Espíritu... se restaura internamente todo el hombre... Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual”.

Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 22.

(texto citado tres veces por Juan Pablo II

en la Redemptoris Missio, (1990) 6.10.28).

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- Del 9 al 16/5 se celebra en Atenas (Grecia) la Conferencia Ecuménica Mundial sobre ‘Misión y Evangelización’, bajo el tema: “¡Ven, Espíritu Santo, sana y reconcilia!”.

- 16/5: B. Simón Stock (+1265), ermitaño inglés, entró en la Orden de los Carmelitas, dando impulso a la devoción mariana y al fortalecimiento de la Orden; murió en Burdeos (Francia).

- 17/5: B. Ivan Ziatyk (1899-1952), sacerdote ucranio, de la Congregación de los Redentoristas, fue encarcelado, condenado a trabajos forzados en el campo de Oserlag, cerca de Irkutsk (Siberia), donde murió.

- 20/5: S. Bernardino de Sena (1380-1444), sacerdote franciscano, ejemplo de infatigable misionero itinerante y de predicador popular.

- 21/5: S. Carlos Eugenio de Mazenod (1782-1861), obispo de Marsella y fundador de los misioneros Oblatos de María Inmaculada.

 

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A cargo de: P. Romeo  Ballan, mcci – Director del CIAM, Roma – Sito Web:  www.ciam.org   “Parola per la Missione”