PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


Cuaresma: tiempo para compartir



I Domingo de Cuaresma

Año C - 25.2.2007

 

Deuteronomio  26,4-10

Salmo  90

Romanos  10,8-13

Lucas  4,1-13

 

Reflexiones

“En el desierto del mundo”, alimentados con el pan de la Palabra y fortalecidos por el Espíritu, hemos entrado a celebrar nuevamente la Cuaresma, “signo sacramental de nuestra conversión”, para poder vencer  -con las armas jamás superadas del ayuno, oración y limosna-  “las continuas seducciones del maligno” (oración colecta). La Cuaresma vuelve a proponer con fuerza los temas fundamentales de la salvación, y, por tanto, de la misión: la primacía de Dios y su amor por el hombre, la redención que recibimos gratuitamente del sacrificio de Cristo, la lucha permanente con el pecado, las relaciones de fraternidad y respeto con nuestro semejantes y con la creación... Son temas y valores propios del desierto cuaresmal, entendido como lugar teológico de conversión y de salvación. En efecto, “en el desierto un hombre sabe cuánto vale: vale lo que valen sus dioses” (A. de Saint-Exupéry), es decir, sus ideales, sus recursos interiores.

 

Las tentaciones (Evangelio) no fueron para Jesús un juego-ficción; han sido pruebas verdaderas, así como lo son para el cristiano y la Iglesia. “Si Cristo no hubiese vivido la tentación como verdadera tentación, si la tentación no hubiese significado nada para Él, hombre y Mesías, su reacción no podría ser un ejemplo para nosotros, porque no tendría nada que ver con la nuestra” (C. Duquoc). Justamente porque ha sido probado, se convierte en ejemplo y puede ayudar al que es probado (cfr Eb 2,18; 4,15).

 

Jesús se ha enfrentado realmente con el diablo sobre los posibles métodos y caminos para realizar su misión como Mesías. Las tres tentaciones son una síntesis teológica de un largo período de lucha contra el mal, sostenida por Jesús en los 40 días de desierto (v. 2) y durante toda su vida, incluida la cruz, cuando el demonio regresó (v. 13). Las tentaciones representan modelos diferentes de Mesías y, por tanto, para nosotros, de misión. Para Jesús las tentaciones eran como “tres atajos para no pasar por la cruz” (Fulton Sheen). Las tentaciones eran un modo de socavar las relaciones con las cosas materiales, con las personas y con Dios mismo. Eran la tentación de ser: -1. un “reformador social”: convertir las piedras en pan para sí y para todos hubiera garantizado el éxito popular; -2. un “mesías del poder”: un poder basado sobre el dominio de las personas y del mundo hubiera dado satisfacción al orgullo personal y del grupo; -3. un “mesías milagrero”: un gesto aparatoso hubiera asegurado espectacularidad y fama.

 

Jesús supera las tentaciones: opta por respetar la primacía de Dios, se fía del Padre y de su plan para la salvación del mundo. Renuncia a manipular con egoísmo las cosas materiales en provecho propio (ahora no cambia para sí las piedras en pan, pero más tarde multiplicará panes y peces para la muchedumbre hambrienta); se niega a dominar sobre las personas  y prefiere servir; guarda siempre una relación filial con Dios fiándose de Su fidelidad. Acepta la cruz por amor y muere perdonando: solamente así, logra romper la espiral de la violencia y le quita el ‘veneno’ a la muerte: la muerte es vencida por la Vida.

 

Jesús afronta y supera las tentaciones con la fuerza del Espíritu Santo, del cual está lleno (v. 1). Es el Espíritu del Bautismo (Lc 3,22), de la Pascua y de Pentecostés. Es el Espíritu de la Misión. A veces se ha creído que poder, dinero, dominio, supuesta superioridad, sobre-activismo… son caminos apostólicos. A menudo el misionero es tentado por estas ilusiones; por tanto, tiene necesidad del Espíritu de Jesús, que es el agente principal de la evangelización (cfr EN 75) y el protagonista de la misión (cfr RMi 21). El Espíritu nos hace entender que el desierto cuaresmal es un tiempo de gracia (kairós): tiempo de las cosas esenciales, tiempo que se ha de llenar con las cosas que valen de veras, un don que se ha de vivir en el silencio, lejos de las contaminaciones del ruido, prisas, dinero, ligerezas... ¡Un tiempo del compartir misionero!  (*)

 

La Cuaresma es un tiempo de salvación, centrado sobre la fe en Cristo muerto y resucitado (II lectura): Él es el Señor de todos los pueblos, el que ofrece abundantemente la salvación a todo el que invoca Su nombre, sin distinción de pertenencias (v. 12-13). Esta primacía de Dios, quien está al origen de la creación y es bueno con todos, sobresale también con la ofrenda de las primicias de los frutos de la tierra (I lectura). Se trata de un rito presente también en otras culturas, aunque lejanas del mundo bíblico; es una manera de gratitud y de propiciación. Pero también una manera de compartir con quien pasa necesidad, como se lee en los versículos que continúan inmediatamente al pasaje de hoy: la ofrenda de las primicias es destinada al forastero, al levita, al huérfano y a la viuda, “que comerán de ello dentro de tus puertas hasta saciarse” (v. 10-12). Hay aquí una preciosa indicación de itinerario espiritual y misionero: el que se acerca a Dios y vive en sintonía con Él descubre a los demás, cercanos y lejanos. ¡Y se hace solidario y generoso!

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Vivamos la Cuaresma como un tiempo ‘eucarístico’, en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y palabra. De ese modo, contemplar “al que traspasaron” (cfr Jn 19,37) nos llevará a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas. Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que por nuestra parte cada día debemos ‘volver a dar’ al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente de la alegría de la Pascua”.

Benedicto XVI

Mensaje para la Cuaresma 2007

 

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 25/2: S. Valburga (710ca.-779), de origen inglés, hermana de los Ss. Vilibaldo y Vinebaldo. Formaba parte del grupo de monjas y monjes que ayudaron a S. Bonifacio en la evangelización de Alemania. Fue abadesa de dos monasterios en Heidenheim (Alemania).

- 25/2: B. Sebastián Aparicio (+1600); fue de España a México, pasó de ser casado a viudo, de rico a fraile lego franciscano; murió en Puebla (México) a la edad de casi 100 años.

- 25/2: Ss. Luis Versiglia, obispo, y P. Calixto Caravario, salesianos, martirizados en 1930 en China.

- 26/2/1885: Fecha importante para la historia del colonialismo en África y de las misiones: conclusión de la Conferencia de Berlín (1884-1885), donde las potencias europeas se repartieron el continente africano.

- 27/2: Bta. María-Caridad Brader (1860-1943), religiosa suiza, misionera en Ecuador y Colombia; fundó las Franciscanas de María Inmaculada y tuvo el carisma de unir acción y contemplación.

- 28/2: S. Augusto Chapdelaine, sacerdote de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, mártir (+1856) en Xilinxian, provincia de Guangxi (China).

- 1/3: Nace la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR, 1959), con sede en Colombia.

- 3/3: Btos. Liberato Weiss, Samuel Marzorati y Miguel Pío Fasoli de Zerbo, sacerdotes de los franciscanos menores, apedreados hasta el martirio (+1716) en Gondar (Etiopía).

- 3/3: Sta. Catalina Drexel (Filadelfia, USA, 1858-1955), fundadora; entregó su rica herencia en favor de los indígenas y afroamericanos, abriendo y sosteniendo para ellos unas 60 escuelas y misiones.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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