PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


El rostro ‘transfigurado’ no quiere rostros ‘desfigurados’


II Domingo de Cuaresma
Año “A” – Domingo  17.2.2008

 

Génesis  12,1-4a
Salmo  32
2Timoteo  1,8b-10
Mateo  17,1-9

 

Reflexiones
Continúa el camino para descubrir la identidad de Jesús y su misión. El domingo pasado esta identidad se revelaba en el episodio de las Tentaciones. Hoy, segundo domingo de Cuaresma, hay otra cita fija: la Transfiguración de Jesús sobre el monte Tabor (Evangelio). El hecho ocurre “seis días después” (v. 1) de los encuentros en Cesarea de Felipe (con la profesión de fe de Pedro, la promesa de su primacía, el primer anuncio de la pasión: Mt 16,13-28). Cada uno de estos hechos aporta piezas significativas para la configuración del verdadero rostro de Cristo, hacia el cual la antífona de entrada nos invita a mirar: “Busquen mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro” (Sal 26,8-9). Una respuesta a tan insistente súplica llega de un alto monte (v. 1), donde Jesús se transfiguró delante de tres discípulos escogidos: “Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz” (v. 2). La luz no viene de afuera, sino que emana desde dentro de la persona de Jesús. Con razón, Lucas, en el texto paralelo, subraya que Jesús subió al monte “para orar, y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió” (Lc 9,28-29). De la relación con su Padre, Jesús sale transformado interiormente; la plena identificación con el Padre resplandece en el rostro de Jesús (cf Jn 4,34; 14,11).

 

Lejos de buscar para sí un momento gratificante de auto-glorificación, Jesús quiere que sus discípulos descubran mejor su identidad y su misión. Para tal fin, sobre el monte se realiza una manifestación de la Trinidad a través de tres signos: la voz, la luz y la nube. La voz del Padre proclama a Jesús su “Hijo, el amado. Escúchenlo” (v. 5); la luz emana del cuerpo mismo del Hijo Jesús; la nube es símbolo de la presencia del Espíritu. En ese contexto de gloria, que es un adelanto de su triunfo final, Jesús habla con Moisés y Elías “de su partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén” (Lc 9,31). De la oración a la revelación y contemplación de la Trinidad, de la pasión a la glorificación: ahora los discípulos pueden entender algo más acerca de su Maestro.

 

Nunca la verdadera oración es evasión. Para Jesús la oración era un momento fuerte de identificación con el Padre y de adhesión coherente y confiada a su plan de salvación. Este camino de transformación interior es el mismo para Jesús, para el discípulo y para el apóstol. La oración, vivida como escucha-diálogo de fe y de humilde abandono en Dios, tiene la capacidad de transformar la vida del cristiano y del misionero; es la única experiencia fundante de la misión.La oración alcanza su momento más verdadero cuando desemboca en el servicio al prójimo necesitado. En una homilía cuaresmal Benedicto XVI ha subrayado esta dimensión misionera de la oración. (*)

 

El apóstol está convencido de que Dios es fiel y lo acompaña en todas las etapas y peripecias de la vida: en los comienzos, en los momentos de Tabor y en los momentos de Getsemaní… Dan testimonio de ello también Abrán y Pablo. Siguen siendo oscuras las motivaciones que han llevado a Abrán (I lectura) a salir de su tierra y a dejar sus parientes para ir hacia un país desconocido (v. 1). Desde entonces Abrán, fuerte en su fe monoteísta en el verdadero Dios, se ha convertido en padre y modelo para unos tres mil millones de creyentes (hebreos, cristianos, musulmanes). Para él, el llamamiento de Dios  -como ocurre en cada vocación misionera-  ha supuesto una salida, un éxodo, un abandono de afectos y de seguridades, para marchar hacia la tierra que Dios le habría mostrado. Abrán obedeció, fiándose del Señor (v. 4). Igualmente, Pablo dejó el camino de Damasco para correr la nueva aventura con Jesús, despreocupado ya de los sufrimientos. Por tanto, podía exhortar al discípulo Timoteo (II lectura): “Según la fuerza de Dios, toma parte en los duros trabajos del Evangelio” (v. 8).

 

El anuncio del Evangelio de Jesús requiere necesariamente un compromiso tenaz por la defensa y la promoción de las personas más débiles, cuya dignidad humana se ve a menudo afeada y desfigurada por tantas formas de violencia, explotación, abandono, hambre, enfermedades, ignorancia… Así lo han denunciado los obispos latinoamericanos en el documento de Puebla en 1979 (n. 32-43). ¡Cualquier afeamiento de la dignidad humana es contrario al proyecto original de Dios, Padre de la Vida! El rostro fascinante de Jesús, nuestro hermano mayor, es un preludio de su realidad pos-pascual y definitiva; la misma que nos espera también a nosotros, que hemos sido salvados y llamados con una vocación santa, según el proyecto y la gracia de Dios (v. 9). Sobre esta vocación a la vida y a la gracia se funda la dignidad de cada persona humana, cuyo rostro, por ningún motivo, puede ser afeado. ¡Allí donde hay un rostro humano afeado y desfigurado, es imperiosa y urgente la presencia de los misioneros del Evangelio de Jesús!

 


Palabra del Papa

(*)  “Sin la dimensión de la oración, el yo humano acaba por encerrarse en sí mismo, y la conciencia, que debería ser eco de la voz de Dios, corre el peligro de reducirse a un espejo del yo, de forma que el coloquio interior se transforma en un monólogo, dando pie a mil auto-justificaciones. Por eso, la oración es garantía de apertura a los demás. Quien se abre a Dios y a sus exigencias, al mismo tiempo se abre a los demás, a los hermanos que llaman a la puerta de su corazón y piden escucha, atención, perdón, a veces corrección, pero siempre con caridad fraterna. La verdadera oración nunca es egocéntrica; siempre está centrada en los demás. Como tal, lleva al que ora al «éxtasis» de la caridad, a la capacidad de salir de sí mismo para hacerse prójimo de los demás en el servicio humilde y desinteresado. La verdadera oración es el motor del mundo, porque lo tiene abierto a Dios. Por eso, sin oración no hay esperanza, sino sólo espejismos. En efecto, no es la presencia de Dios lo que aliena al hombre, sino su ausencia... Hablar con Dios, permanecer en su presencia, dejarse iluminar y purificar por su Palabra, nos introduce en el corazón de la realidad, en el íntimo Motor del devenir cósmico; por decirlo en otras palabras, nos introduce en el corazón palpitante del universo”.

Benedicto XVI

Homilía en el miércoles de Ceniza, 6.2.2008

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 17/2: SS. Siete Fundadores de la Orden de los Siervos de María (Florencia, s. XIII), mendicantes y misioneros.

- 17/2: S. Pedro Yu Chong-nyul, padre de familia, asesinado en Pyeongyang (+1866), porque fue sorprendido en la casa de un catequista leyendo el Evangelio de noche. Es uno de los 103 Santos Mártires coreanos (memoria el 20/9).

- 18/2: S. Francisco Régis Clet (1748-1820), sacerdote francés de la Congregación de la Misión, misionero durante 30 años en China y mártir.

- 22/2: Fiesta de la Cátedra de S. Pedro, y del Papa, en cuanto vicario de Cristo y de Pedro, llamado a presidir en la caridad, para el servicio de la unidad en la Iglesia y de la misión en el mundo entero.

- 22/2: B. Diego Carvalho (1578-1624), sacerdote jesuita portugués, misionero y mártir en Sendai (Japón), junto con muchos otros compañeros.

- 23/2: S. Policarpo (+ca. 155), discípulo de S. Juan apóstol, obispo de Esmirna, último de los Padres Apostólicos.

- 23/2: B. Josefina Vannini (1859-1911), que, junto con el sacerdote camiliano B. Luis Tezza, fundó la congregación de las Hijas de S. Camilo, para el servicio a los enfermos.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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