PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


De las desgracias a la conversión del corazón




III Domingo de Cuaresma

Año C - 11.03.2007

 

Éxodo  3,1-8.13-15

Salmo  102

1Corintios  10,1-6.10-12

Lucas  13,1-9

 

Reflexiones

Las víctimas de las Torres Gemelas, en las estaciones de Madrid y Londres, el tsunami asiático, el huracán X, el enésimo accidente de la noche del sábado, Auschwitz e Hiroshima... Y todas las víctimas de atentados, masacres, accidentes, catástrofes, violencias, esclavitudes, tumores, epidemias, sida... ¿Quién tiene la culpa de estos males? ¿Dios tiene algo que ver? ¿Qué opina Él de eso? ¿Cómo interpreta Jesús los hechos de este tipo? Éstas son algunas de las muchas preguntas que nos hacemos ante males tan grandes. También Jesús estaba atento e informado sobre los hechos del día (Evangelio): reflexiona sobre ellos, los juzga con criterios propios, no según la mentalidad corriente, hace de ellos un análisis crítico, los comenta de manera  -diríamos hoy-  ‘políticamente incorrecta’, incómoda, a contracorriente.

 

Lo querían involucrar en una crítica pública a Pilato por un hecho ciertamente sanguinario y sacrílego (v. 1). La lección que Jesús saca de aquel hecho, así como de la muerte de 18 personas por la caída de la torre de Siloé, sobrepasa la interpretación común de la mayoría, leyendo allí una invitación de Dios para un cambio de vida, al fin de no perecer todos de la misma manera (v. 3.5). La tentación era doble: en el caso de Pilato, creer que bastaba con rebelarse y suplantar al procurador romano; en el caso de las víctimas de la torre, pensar en seguida en un castigo por obra de agentes externos o por un pecado. La reacción más frecuente y más cómoda es: acusar a los demás, buscar a un culpable externo, pensar que el mal está en las cosas, creer que el mal está sólo fuera de nosotros, vincular siempre enfermedades o desgracias con culpas cometidas o con un castigo divino. Se trata de actitudes típicas de la mentalidad pagana, que los misioneros encuentran a menudo en los ámbitos no cristianos, pero no sólo ellos.

 

Jesús nos libera de esa mentalidad que: por un lado, nos impide llegar a las causas verdaderas de los males que nos ocurren, sumiéndonos en el fatalismo y en la pasividad; y por otro lado, nos induce a la falsa idea de un Dios castigador e intervencionista. Jesús va a la raíz de los problemas y de los posibles cambios: invita a convertirse, a cambiar el corazón para que las cosas mejoren. Las cosas van a mejorar si las personas cambian desde dentro; sólo con un cambio del corazón mejorarán las estructuras humanas, religiosas, socio-políticas. Ésta es la noticia buena y nueva, éste es el Evangelio que cambia la mentalidad, el corazón, la vida. El comentario de Jesús sobre esos sucesos no es una evasión, sino una lectura más profunda. El Evangelio no pasa al margen de la historia, no se limita a  rozarla, entra dentro de los hechos, llega a la conciencia de las personas: allí Dios construye su Reino de amor y de libertad. “El Reino de Dios no es algo paralelo a la historia, la interpela y la interpreta” (Gustavo Gutiérrez).

 

Ante hechos dolorosos y atroces, uno se pregunta: ¿dónde estaba Dios con su omnipotencia? Pero nos exponemos a olvidar los amplios espacios de libertad y de responsabilidades humanas que Dios confía al hombre. Hermes Ronchi intenta responder así: “¿Dónde estaba Dios? No. ¿Dónde estaba el hombre, ese día? Si el hombre no cambia, si no toma otros caminos, si no se convierte en constructor de alianza y de libertad, esta tierra irá a la ruina porque se funda sobre la arena de la violencia y de la injusticia. Si no se convierten, perecerán todos”. Por eso Dios nos tiene misericordia y paciencia: nos regala el tiempo como realidad en la cual se realiza la salvación. Es más, nos da un tiempo adicional, “todavía este año”, para dar fruto; si no, al final, uno se expone a que lo corten (v. 7-9). El Señor tiene paciencia, pero “los  pobres no pueden esperar”, dice la campaña misionera por los objetivos del Milenio; no es bueno hacerles esperar más. La Cuaresma nos remite a  la solidaridad con los que sufren más.  (*)

 

Que la experiencia del pueblo de Israel, advierte Pablo (II lectura), nos sirva de ejemplo y para escarmiento nuestro (v. 6.11): a pesar de que todos fueron testigos y partícipes de incontables obras de Dios en su favor, muchos no agradaron a Dios y se perdieron (v. 5). El mensaje es claro: no ilusionarse con supuestos méritos, sino vivir humildemente con coherencia (v. 12). Siempre con la confianza puesta en Dios, amante y liberador de su pueblo. En efecto, Dios se ha autorrevelado a Moisés en la zarza que ardía sin consumirse (I lectura) como Dios de la vida, Dios de los antepasados (v. 6), Dios que ve la opresión de su pueblo, oye sus quejas, conoce su sufrimientos y se acerca para liberarlo (v. 7-8). Él es el que es (v. 14), Dios presente siempre, en todas partes, con todos, Emmanuel, una presencia creadora y liberadora. El compromiso evangelizador de los grandes misioneros nace siempre, como en Moisés (v. 4s), de una fuerte experiencia de Dios y de la cercanía al sufrimiento de la gente: éste fue el camino de Francisco Javier, Pedro Chanel, Daniel Comboni, Francisca S. Cabrini, Teresa de Calcuta...

 

 

Palabra del Papa

(*)  “Entre las cuestiones esenciales, ¿cómo no pensar en los millones de personas, especialmente mujeres y niños, que carecen de agua, comida y vivienda? El escándalo del hambre, que tiende a agravarse, es inaceptable en un mundo que dispone de bienes, de conocimientos y de medios para subsanarlo. Esto nos impulsa a cambiar nuestros modos de vida y nos recuerda la urgencia de eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial, y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente y un desarrollo humano integral para hoy y sobre todo para el futuro”.

Benedicto XVI

Discurso al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede (8.1.2007)

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 12/3: S. Luis Orione (1872-1940), sacerdote, fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia y de algunas Congregaciones religiosas para la asistencia a los más necesitados.

- 15/3: Sta. Luisa de Marillac (1591-1660), viuda, fundadora, junto con S. Vicente de Paúl, de las Hijas de la Caridad.

- 15/3: B. Artémides Zatti (1880-1951), salesiano, médico misionero en la Patagonia (Argentina).

- 15/3: ‘Cumpleaños’ de S. Daniel Comboni (1831-1881): nació en Limone del Garda (Brescia) y murió en Jartum (Sudán), siendo el primer Vicario apostólico de África Central.

- 17/3: S. Patricio (385-461), nació en Inglaterra, fue el gran misionero y evangelizador de Irlanda; fue obispo de Armagh y es patrono de Irlanda.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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