PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


El desafío de ser guías para los que quieren “ver a Jesús”

V  Domingo de Cuaresma
Año B – 29.03.2009

Jeremías  31,31-34

Salmo  50

Hebreos  5,7-9

Juan  12,20-33

 

Reflexiones

Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). El evangelista indica quiénes pueden dar una respuesta plena: los apóstoles, después del encuentro con el Resucitado, afirman: “Hemos visto al Señor” (Jn 20,25). Estas dos expresiones de Juan encierran todo el arco de la Misión. En la inminencia de aquella Pascua tan especial para Jesús, la llegada de algunos peregrinos griegos a Jerusalén (Evangelio) produce el efecto de una explosión luminosa sobre el misterio que se acerca. Se trata de personas de lengua y cultura helénica, convertidos o simpatizantes con el judaísmo. Eran las primicias de los pueblos paganos, llamados también ellos a ponerse en camino, para seguir los senderos del Señor, como había predicho el profeta (Is 2,3).

 

Esos peregrinos manifiestan un deseo que encierra un gran significado misionero: “Queremos ver a Jesús” (v. 21). La pregunta va mucho más allá de la curiosidad por conocer al famoso de moda. Llegan de lejos, pertenecen a otro pueblo, el viaje ha sido seguramente cansado, se han puesto en camino por motivos espirituales. Quieren ver a Jesús, no para darle un saludo fugaz, sino para conocer su identdad profunda, captar su mensaje de vida. Hay también otros detalles vocacionales y misioneros: para llegar a Jesús, a menudo se necesitan guías, acompañadores. Esos peregrinos buscan a intermediarios de su cultura, Felipe y Andrés, los únicos apóstoles con nombres griegos.

 

Jesús capta la densidad y la importancia de ese momento: su hora, la hora en que ha de ser glorificado (v. 23), la hora de la entrega de su vida, la hora de ser elevado sobre la tierra y atraer a todos hacia sí (v. 32), para que todos los pueblos lleguen a la vida en plenitud. Esa vida verdadera, que consiste en conocer  –es decir, amar, acoger, contemplar-  al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo (cf Jn 17,3). No es suficiente, sin embargo, cualquier vaga idea o teoría sobre Jesús, sino la comprensión amorosa del misterio del grano de trigo, que muere para dar mucho fruto (v. 24). Éste es un dato biográfico: el grano de trigo que muere es Jesús. Él está hablando de sí mismo y muestra el único camino que lleva a la vida: a través de la muerte. (*)

 

El momento culminante del grano de trigo que muere lo presenta con pasión la carta a los Hebreos (II lectura): por haber aceptado la muerte por amor, Jesús se ha convertido “para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna” (v. 9). Así, en el sacrificio pascual de Cristo y en la efusión del Espíritu Santo, se realiza la alianza nueva (I lectura): queda superada la antigua alianza, basada sobre las piedras de la Ley, y se abre el camino a la nueva, arraigada en el corazón y en la vida de las personas (v. 33) que se dejan conducir por el Espíritu.

 

Esos peregrinos griegos que piden ver a Jesús adquieren para nosotros un valor emblemático: representan a las personas y pueblos que aspiran a un cambio de calidad de vida, que buscan a Dios con corazón sincero… A veces ese deseo es explícito, muchas otras veces se trata de un deseo mudo, intuitivo, indescriptible, a menudo confuso y contradictorio, aunque siempre es un deseo o un gemido que nace de lo más profundo de la vida. Se trata de auténticos SOS del espíritu, o, si queremos, mensajes del tipo sms. Más que las palabras, a menudo hablan los gestos, las situaciones, los sufrimientos, las tragedias, los silencios...

 

¿Quién dará una respuesta a tantas esperas? Se necesitan personas disponibles; la respuesta es tarea para hombres y mujeres de todos los tiempos, es decir, los cristianos. No basta una respuesta teórica o la repetición de una fórmula; la respuesta misionera brota del conocimiento amoroso, de la conversión y adhesión al Señor Jesús. Los cristianos, los misioneros deben haber visto al Señor, tener un conocimiento íntimo de Él, poder afirmar lo mismo que los apóstoles después de la resurrección: “¡Hemos visto al Señor!” (Jn 20,25). “El apóstol es un enviado, pero antes es un experto de Jesús” (Benedicto XVI). Y, por lo tanto, lo puede anunciar con credibilidad y eficacia.

 

La comunicación misionera de la experiencia cristiana asume formas diferentes, según los tiempos, las personas, la creatividad, las tecnologías. Si miramos el calendario de los santos y evangelizadores de cada semana (ver más abajo), encontramos modelos y estilos diferentes de anunciar el Evangelio… Hoy se emplean también técnicas nuevas. En muchos ámbitos y naciones, especialmente entre los jóvenes, la Misión corre también vía sms o con mensajes de correo electrónico: llegan a muchas personas, incluidos a los no cristianas, frases del Evangelio, pensamientos espirituales, noticias sobre la Iglesia... Cuando el fuego de la misión arde en el corazón, se buscan caminos nuevos para dar una respuesta a los que quieren ver a Jesús.

 

Palabra del Papa

(*)  “Jesús es el grano de trigo que muere. Del grano de trigo muerto empieza la gran multiplicación del pan que perdura hasta el fin del mundo. Él es el pan de vida capaz de saciar en medida sobreabundante la humanidad entera y de darle el alimento vital: el Verbo eterno de Dios, que se hizo carne y también pan, por nosotros, por medio de la cruz y la resurrección”.

Card. Joseph Ratzinger

Viacrucis en el Coliseo, Roma, Viernes Santo 25.3.2005

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 30/3: B. Ludovico da Casoria A. Palmentieri (1814-1885), franciscano, educador; junto con otros trabajó activamente para el rescate de muchachos africanos de la esclavitud.

- 30/3: S. Leonardo Murialdo (1828-1900), sacerdote de Turín, educador, fundador del Instituto de los Josefinos para la formación de muchachos abandonados.

- 31/3/1767: Expulsión de los Jesuitas de España, de Portugal y de sus colonias en América Latina. Seis años más tarde (1773), la supresión de la Compañía de Jesús.

- 1/4: B. Lodovico Pavoni (1784-1848), sacerdote de Brescia, pionero en el campo social, fundador, entregado a la educación humana, cristiana y profesional de los muchachos.

- 2/4: S. Francisco de Paula (1416-1507), famoso por la predicación y la vida de penitencia, fundador de la Orden de los Mínimos. Pío XII lo declaró patrono de la gente del mar.

- 2/4: Beatos Diego Luis de San Vitores (1627-1672), sacerdote jesuita español, y Pedro Calungsod (1654-1672), catequista seglar, nacidos en Filipinas; ambos fueron martirizados (+1672) por odio a la fe cristiana y echados a la mar en la isla de Guam (Oceanía).

- 2/4: B. María Laura Alvarado (1875-1967), que nació y murió en Venezuela, fundadora: se consagró a los huérfanos, ancianos y pobres; murió en Maracaibo.

- 2/4: Aniversario de la muerte del Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II (1920-2005).

- 4/4: S. Isidoro (ca. 570-636), obispo de Sevilla y doctor de la Iglesia, ingenioso en las ciencias y en la organización, reconocido como el último de los Padres de la Iglesia latina.

- 4/4: S. Benito Massarari, (Sicilia, 1526-1589), llamado el Negro, descendiente de esclavos africanos, franciscano; el primer negro en ser beatificado (1743) y canonizado (1807). Es co-patrono de Palermo.

- 4/4: Recuerdo de Martin Luther King (Atlanta, USA, 1929): líder de los derechos civiles, integración racial y no-violencia-activa, Premio Nobel de la Paz (1964), asesinado en Memphis (USA) el 4 de abril de 1968.

 

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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