PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El CIAM propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

 


No piedras, sino amor que regenera




V Domingo de Cuaresma

Año C - 25.03.2007

 

Isaías  43,16-21

Salmo  125

Filipenses  3,8-14

Juan  8,1-11

 

Reflexiones

La “vida nueva” es el tema de las tres lecturas de este domingo. La anunciaba ya el profeta Isaías (I lectura) a los exiliados de Babilonia prediciendo el retorno en patria: “Miren que realizo algo nuevo, ya está brotando”. Dos signos elocuentes acompañan la promesa: un camino por el desierto y ríos en la estepa (v. 19). Para Pablo (II lectura) la vida nueva es una persona, Jesucristo, el único tesoro, ante el cual todo lo demás es pérdida y basura (v. 8). Él es la única meta hacia la cual correr con tesón. Pablo siente este empeño no como un peso, sino como una respuesta de amor hacia Cristo que por él se ha entregado (v. 12.14). Es la experiencia que Pablo quiere anunciar a todos.

 

“Al amanecer” (Evangelio), sobre la explanada del templo de Jerusalén, comenzó la vida nueva también para una mujer “sorprendida en flagrante adulterio” (v. 4). Una mujer que debía ser lapidada según la ley, arrojada allí como uno trapo delante de Jesús, la única acusada de una culpa que, por definición, supone la existencia de un cómplice, el cual, sin embargo, se ha volatilizado hábilmente... Jesús la salva de las pedradas con actitudes sorprendentes, que provocan un cambio total de la situación: ante todo el silencio desarmante de Jesús, luego esos signos (históricamente) indescifrables en el suelo (v. 6.8), y por fin el desafío a lanzar la primera piedra (v. 7), desenmascaran tota la hipocresía de esos acusadores legalistas con un corazón de piedra.

 

Al final, quedan solos la mujer y Jesús: ‘la miseria y la misericordia’, comenta San Agustín. Jesús habla a la mujer: nadie le había hablado, la habían llevado a empujones y con acusaciones. Le habla no con las palabras de la calle, sino con respeto, reconociendo su dignidad; la llama ‘mujer’, así como Él solía llamar a su madre (Jn 2,4; 19,26). Jesús distingue entre ella  -mujer frágil, ciertamente-  y su error, que Él no aprueba: el adulterio es y sigue siendo un pecado (Mt 5,32), incluso en el caso de un deseo deshonesto (Mt 5,28; IX mandamiento). Él condena el pecado pero no a la pecadora; no se detiene a analizar el pasado; relanza la vida, la abre nuevamente al futuro. El meollo de la narración no es el pecado, sino el corazón de Dios que ama y quiere que nosotros vivamos. Ésta es la imagen de Dio-amor que Jesús quiere transmitir: que la mujer experimente que Dios la ama así como ella es. De este modo la mujer, sintiéndose respetada, amada, protegida, está en condiciones de acoger la invitación de Jesús a no pecar más (v. 11). Dios salva amando. ¡Sólo el amor convierte y salva! (*)

 

Este ‘incómodo’ pasaje evangélico ha tenido una historia atormentada: varios códices antiguos lo omiten, otros lo desplazan de lugar. Algunos piensan que el autor no es Juan sino Lucas, debido al estilo y al mensaje muy similares a la ‘parábola del padre misericordioso’ (ver Lucas 15, en el Evangelio del domingo pasado), con los diferentes personajes: la mujer en el rol del hijo menor; los escribas y los fariseos en línea con el hijo mayor; y Jesús en el perfecto rol del Padre. Lo subraya también un conocido autor moderno: “Un texto insoportable, que falta en varios manuscritos. La conciencia moral y la conciencia religiosa de los hombres no puede admitir que Cristo se niegue a condenar a la mujer... Ella ha sido sorprendida en flagrante delito; ha cometido uno de los pecados más graves que la Ley conozca... Cristo confunde a los acusadores recordándoles la universalidad del mal: ellos también, espiritualmente, son unos adúlteros; ellos también, de una u otra manera, han traicionado el amor. ‘El que esté sin pecado...’ Nadie está sin pecado, y Él concluye diciendo: «Anda y en adelante no peques más»: una frase que abre un nuevo porvenir” (Olivier Clément).

 

Este pasaje evangélico constituye una intensa página de metodología misionera para el anuncio, la conversión, la educación en la fe y en los valores de la vida. El amor genera y regenera a la persona, la hace libre; Jesús educa en el amor vivido en libertad y gratuidad. Tan sólo con estas condiciones se entiende por qué debemos dejar caer de nuestras manos las piedras que quisiéramos arrojar a otros. El hecho de que los más viejos se vayan escabullendo (v. 9), ¿revela en ellos un sentido de culpa, de vergüenza, o de haber aprendido la lección? Finalmente, queda claro que todo el que trabaja o lucha por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, en cualquier ámbito, tiene en Jesús a un precursor ideal, a un pionero y a un aliado.

 

 

Palabra del Papa

(*)  «La conversión no se realiza nunca de una vez para siempre, sino que es un proceso, un camino interior de toda nuestra vida. Ciertamente, este itinerario de conversión evangélica no puede limitarse a un período particular del año: es un camino de cada día, que debe abrazar toda la existencia, todos los días de nuestra vida. Desde esta perspectiva, para cada cristiano y para todas las comunidades eclesiales, la Cuaresma es el tiempo espiritual propicio para entrenarse con mayor tenacidad en la búsqueda de Dios, abriendo el corazón a Cristo. San Agustín dijo una vez que nuestra vida es un ejercicio del deseo de acercarnos a Dios, de ser capaces de dejar entrar a Dios en nuestro ser».

Benedicto XVI

Audiencia General, Miércoles de Ceniza, 21.2.2007)

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 25/3: Anunciación del Señor a María, por medio del ángel Gabriel.
- 26/3/1967: Publicación de la encíclica “Populorum Progressio” de Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos.
- 27/3: S. Ruperto (ca. 718), de origen irlandés, fue gran evangelizador de Bavaria y obispo de Salzburgo.

- 28/3: Bb. Cristóbal Wharton (+1600); 29/3: Juan Hambley (+1587); 31/3: Cristóbal Robinson (+1597) y otros sacerdotes ingleses martirizados bajo Isabel I, reina de Inglaterra.

- 30/3: B. Luis de Casoria A. Palmentieri (1814-1885), franciscano, educador; junto con otros trabajó activamente para rescatar a  niños africanos de la esclavitud.

- 30/3: S. Leonardo Murialdo (1828-1900), sacerdote de Turín, educador, fundador del Instituto de los ‘Josefinos’ para la formación de los niños abandonados.

- 31/3/1767: Expulsión de los Jesuitas de España y Portugal y de sus colonias en América Latina. Seis años más tarde (1773), la supresión de la Compañía de Jesús.

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A cargo de: P. Romeo Ballan, mcci – Director emérito del CIAM, Roma

Sito Web:    www.ciam.org    “Palabra para la Misión”

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