PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.


La Santa Trinidad: manantial de misericordia y de misiónn


Fiesta de la Santísima Trinidad
Año “A” - Domingo 18.5.2008

 
Éxodo  34,4-6.8-9
Salmo:  Dn 3,52-56
2Corintios  13,11-13
Juan  3,16-18

 
Reflexiones
¿Cómo es Dios por dentro? ¿Cómo vive? ¿Qué hace? ¿Dónde habita?... Son preguntas que todo ser humano se hace, por lo menos en algunas etapas de la vida. A estas y a otras preguntas responde, sobre todo para los cristianos, la fiesta de la Santísima Trinidad. Es la fiesta del “Dios uno en Tres Personas”, como enseña el catecismo. Con eso está dicho todo, pero, a la vez, todo queda por ser explicado y ser entendido, acogido con amor y adorado en la contemplación. Este tema tiene una importancia central para la misión. En efecto, se afirma con facilidad que todos los pueblos 

–incluidos los no cristianos–  saben que Dios existe, lo mencionan y lo invocan de diferentes maneras; se afirma igualmente que también los ‘paganos’ creen en Dios. Esta verdad compartida

–aunque con algunas diferencias y reservas–  hace posible el diálogo entre las religiones, y en particular el diálogo entre cristianos y seguidores de otras religiones. Sobre la base de un Dios único común a todos, es posible tejer un entendimiento entre los pueblos con vistas a acciones concertadas: en favor de la paz, en defensa de los derechos humanos, para la realización de proyectos de desarrollo humano y social. En tiempos recientes hemos visto gestos valientes de entendimiento y colaboración, promovidos por Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Sin embargo, para la actividad evangelizadora de la Iglesia, estas iniciativas, por cierto loables y necesarias, no son sino una parte del mensaje que llevan los misioneros. El servicio misionero debe ofrecer al mundo recursos aún más capaces de transformar la vida de la familia humana: ¡a partir de la novedad de Cristo!

 

Un cristiano no se limita a fundar su vida espiritual sólo sobre la existencia de un Dios único, y mucho menos lo puede hacer un misionero consciente de la extraordinaria riqueza del don de Jesucristo, que nos introduce de lleno en el misterio de Dios uno y trino. El Evangelio que el misionero lleva al mundo, además de enriquecer la comprensión del monoteísmo, abre al inmenso y siempre sorprendente misterio de Dios, que es comunión de Personas. Aquí la palabra misterio no se ha de entender con referencia a verdades escondidas, sino más bien a verdades siempre nuevas, por descubrir. En esta materia es mejor dejar la palabra a los místicos. Para S. Juan de la Cruz Hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá”. Por su parte, hablándole a la Trinidad, S. Catalina de Siena exclama: “Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo, en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más hallo, más crece la sed de buscarte. Tú eres insaciable; y el alma, saciándose en tu abismo, no se sacia, porque sigue con el hambre de ti, siempre más te desea, oh Trinidad eterna”.

 

La revelación de Dios uno y trino tiene (en el sentido de ‘debe tener’) consecuencias inmediatas y renovadoras para la vida del creyente: ofrece parámetros nuevos sobre el misterio de Dios, sobre la manera de tejer las relaciones entre las personas humanas, sobre la relación del hombre con la creación... También el diálogo entre las religiones se enriquece con perspectivas nuevas, como lo indican, por ejemplo, las siguientes expresiones. Un autor anónimo ha recogido este diálogo, escueto pero esencial, entre un musulmán y un cristiano:

- Un musulmán decía: “Dios, para nosotros, es uno; ¿cómo podría tener un hijo?”

- Un cristiano respondió: “Dios, para nosotros, es amor; ¿cómo podría estar solo?”

El Dios cristiano es trinitario, es uno pero no solitario. Esta revelación enriquece también el monoteísmo hebraico, islámico y el de las otras religiones. En efecto, el Dios revelado por Jesús (Evangelio) es Dios-amor, Dios que quiere la vida del mundo, Dios que ofrece salvación a todos los pueblos (v. 16-17; cf 1Jn 4,8). Él se revela siempre como “Dios compasivo y misericordioso... rico en clemencia y lealtad” (I lectura, v. 6); “el Dios del amor y de la paz” (II lectura, v. 11); “Dios rico en misericordia” (Ef 2,4).

 

“¿Dónde habita Dios?” Es otra de las preguntas iniciales. El catecismo responde: “Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar”. Es verdad, pero hay una respuesta aún más vital y personal. Un día el rabí Mendel de Kotzk preguntó a unos huéspedes cultos: “¿Dónde habita Dios?” Ellos reaccionaron diciendo: “¿Cómo? ¿No lo sabes? ¿Acaso el mundo no está lleno de su gloria?” El rabino, en cambio, replicó: “Dios habita allí donde se le deja entrar”. Dios busca el encuentro personal, la amistad, con cada uno de nosotros. No para bien suyo, evidentemente, sino para el nuestro. Porque esa amistad es para nosotros la única garantía de vida y de felicidad. Él está a la puerta de nuestro corazón y llama; a quien oye su voz y le abre la puerta, Él promete: “Entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20). En una intimidad que calienta el corazón, regala vida.

 

Todos los pueblos tienen el derecho y la necesidad de conocer este rostro de Dios, que Jesús ha revelado. Y los misioneros tienen el encargo de anunciarlo. (*) Por eso, afirma el Concilio, “la Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (Ad Gentes 2). En los primeros números del mismo Decreto, el Concilio explica el origen y el fundamento trinitario de la misión universal de la Iglesia, ofreciendo, además, una de las síntesis teológicas más profundas de todo el Concilio.

 

Palabra del Papa
(*)  “Toda persona tiene el derecho a escuchar la «Buena Nueva» de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocación. La grandeza de este acontecimiento resuena en las palabras de Jesús a la Samaritana: «Si conocieras el don de Dios» y en el deseo inconsciente, pero ardiente de la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed» (Jn 4,10.15)”.

Juan Pablo II

 Encíclica Redemptoris Missio, (1990) n. 46; cf n. 11.40.44

 

Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 20/5: S. Bernardino de Siena (1380-1444), franciscano, incansable misionero itinerante y predicador popular.

- 21/5: S. Carlos Eugenio de Mazenod (1782-1861), obispo de Marsella y fundador de los misioneros Oblatos de María Inmaculada.

- 21/5: SS. Cristóbal Magallanes y 24 compañeros, sacerdotes y laicos, mártires en la persecución mexicana (+1927), asesinados en diferentes lugares y fechas, perseverantes en alabar a Cristo Rey.

- 21/5: Memoria de los 7 monjes trapenses franceses, asesinados (+1996) por fundamentalistas islámicos en Tibhirine (Argelia).

- 24/5: B. Juan del Prado (+1631), sacerdote franciscano, misionero y mártir en Marruecos, mientras daba asistencia espiritual a esclavos cristianos.

 

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A cargo de: P. Romeo Ballán – Misioneros Combonianos (Verona)

Sitio Web:   www.euntes.net    “Palabra para la Misión”

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