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PALABRA PARA LA MISIÓN
Apuntes de reflexión misionera sobre la liturgia dominical

El EUNTES.NET propone, semanalmente, para laicos, religiosas y sacerdotes un itinerario de reflexiones sobre la liturgia dominical en clave misionera. Se ofrecen apuntes para una meditación misionera, personal o comunitaria, sobre la Palabra de Dios, la cual, de manera constante y sorprendente, sigue iluminando, fortaleciendo y sosteniendo el camino misionero de la Iglesia, para la vida del mundo.

De la Trinidad a la Misión. ¡Por amor!


Domingo de
la Santísima Trinidad
Año B – Domingo  07.06.2009

Deuteronomio  4,32-34.39-40
Salmo  32
Romanos  8,14-17
Mateo  28,16-20

Reflexiones
El amor anima y envuelve totalmente la vida de Dios y la vida del hombre. Esta vez, las matemáticas aquí no funcionan: 1+1+1 = 1. Porque nuestro Dios, uno y trino, es amor. Y el amor es compartir, es unidad englobante. En efecto, “la caridad, desde el corazón de Dios, a través del corazón de Jesucristo, se derrama mediante su Espíritu en el mundo, como amor que lo renueva todo”. (Benedicto XVI). Son palabras que invitan a una profundización.

Los manuales de catecismo sintetizan con facilidad el misterio divino diciendo que “hay un solo Dios en tres Personas”. Con esto ya se ha dicho todo, pero todo queda aún abierto para ser comprendido, acogido con amor y adorado en la contemplación. El tema tiene una importancia central para la actividad misionera. Con facilidad se afirma igualmente que todos los pueblos  –incluidos los no cristianos-  saben que Dios existe; por tanto, también los paganos creen en Dios. Esta verdad compartida  –aunque con diferencias y reservas-  es la base que hace posible el diálogo entre las religiones y
, en particular, el diálogo entre cristianos y otros creyentes. Sobre la base de un Dios único común a todos, es posible tejer un entendimiento entre los pueblos para concertar acciones en favor de la paz, para defender los derechos humanos y realizar proyectos de desarrollo... Pero ésta no es sino una parte de la tarea evangelizadora de la Iglesia, la cual ofrece al mundo un mensaje más novedoso y con objetivos de mayor alcance.

Para el cristiano no es suficiente fundamentarse en el Dios único, y mucho menos lo es para un misionero, consciente de la extraordinaria revelación recibida por medio de Jesucristo, una revelación que abarca todo el misterio de Dios, en su unidad y trinidad. El Dios cristiano es único pero no solitario. El Evangelio que el misionero lleva al mundo, además de reforzar y perfeccionar la comprensión del monoteísmo, abre al inmenso y sorprendente misterio de Dios, que es comunión de Personas.

«Para penetrar en el misterio de Dios, los musulmanes tienen el Corán, del que toman los 99 nombres de Alá; el nombre número 100 es innombrable, ya que el hombre no puede saberlo todo sobre Dios. Los judíos descubren al Señor a través de los acontecimientos de su historia de salvación, meditada, escrita y leída durante siglos, antes de ser consignada, más tarde, en los libros sagrados. Para los cristianos el libro que introduce al descubrimiento de Dios es Jesucristo. Él ‘es el libro
abierto a golpes de lanza’; es el Hijo que, desde la cruz, revela que Dios es Padre y don de Amor, Vida, Espíritu» (F. Armellini). En efecto, el Dios revelado por Jesús es sobre todo Dios-amor (cf Jn 3,16; 1Jn 4,8). Es un Dios único, pero relacional, en plena comunión de Personas. Un Dios que se entrega a sí mismo por la vida de la familia humana. (*)

Generalmente, el Dios de las religiones no cristianas es a menudo lejano, vive en su mundo; por tanto, conviene atraerlo con prácticas religiosas y sacrificios de todo tipo. Por el contrario, el Dios de la Biblia se nos revela como un Dios misericordioso y clemente, “rico en misericordia” (Ef 2,4); un Dios amigo y protector, que desea vivir en relación, un Dios cercano, presente (I lectura), que se ha comprometido al lado de su pueblo con signos y prodigios (v. 34). No es un Dios celoso o competidor del hombre, sino un Dios que quiere que “seas feliz tú y tus hijos” (v. 40). Hay más: es un Dios que nos llama, nos hace hijos y herederos, dándonos su Espíritu (II lectura, v. 16-17).

Éste es el verdadero rostro de Dios, que todos los pueblos (Evangelio) tienen el derecho y la necesidad de conocer a través de los misioneros, según el mandato de Jesús: Vayan, hagan discípulos, bauticen, enseñen... (v. 19-20). Por eso, el Concilio afirma: “La Iglesia peregrinante es, por su naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre” (Ad Gentes 2). El don del Dios verdadero, uno y trino, es para todas las naciones; es una novedad que puede enriquecer todas las culturas, es un tesoro que los cristianos tienen el derecho y el deber de compartir con todos. ¡Por amor! Para esta misión, Jesús se ha comprometido a ser el Emanuel: “Sepan que yo estoy con ustedes todos los días” (v. 20). Él camina al lado de cada uno por las rutas del mundo. Con esta certeza, la Iglesia hoy nos invita a orar para que “seamos anunciadores de la salvación ofrecida a todos los pueblos” (Oración colecta).


Palabra del Papa
(*)  « El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la ‘jerarquía de las verdades’ de fe. ‘Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos’».

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 234


Siguiendo los pasos de los Misioneros
- 8/6: B. Jaime Berthieu, (1838-1896), sacerdote jesuita francés, misionero durante más de 20 años en Madagascar; murió mártir en Ambiatibé.
- 8/6: B. María Teresa Chiramel Mankidiyan (1876-1926), religiosa carmelita de Kerala (India), fundadora de las Religiosas de la Sagrada Familia, que se dedican a jóvenes y necesitados.
- 9/6: B. José de Anchieta (1534-1597), sacerdote jesuita, nacido en las islas Canarias, misionero y apóstol de Brasil, fundador de la ciudad de São Paulo.
- 11/6: S. Bernabé, apóstol, fue entre los primeros fieles de Jerusalén, misionero en Antioquía, amigo y colaborador de S. Pablo, evangelizador de Chipre.
- 11/6: B. Ignacio Maloyan (1869-1915), obispo de Mardine de los Armenios y mártir, torturado y matado por los turcos al comienzo del holocausto armenio.
- 12/6: S. Gaspar Bertoni (Verona 1777-1853), fundador de los Estigmatinos, misioneros apostólicos.
- 12/6: B. Mercedes María de Jesús Molina (1828-1883), religiosa ecuatoriana, misionera entre los indígenas ‘jíbaros’, fundadora, murió en Riobamba (Ecuador).
- 12/6: Jornada Mundial en contra del Trabajo de los Menores, instituida por la ONU (2002).
- 13/6: S. Antonio de Padua (1195-1231), sacerdote franciscano, eficaz evangelizador en Francia e Italia; es doctor de la Iglesia.

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A cura di: P. Romeo Ballan – Missionari Comboniani (Verona)
Sito Web:   www.euntes.net    “Parola per la Missione”

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